Luis Guillermo Vasco   Luis Guillermo Vasco
 

EL CARACOL GUAMBIANO Y EL BIG BANG:
DOS CONCEPCIONES SOBRE EL ORIGEN DEL TIEMPO Y DE LA HISTORIA

APÉNDICE

El ser humano ha recreado espirales en muchos de sus productos, como se aprecia en la base de un canasto (Fig. 1), probablemente tejido por indígenas de Ríosucio, Caldas. En ella es posible ver cómo se va desenrollando la espiral hasta alcanzar su contorno, que es un círculo. O sea que se trata de una espiral inscrita en un círculo.

Fig. 1. Base de canasto tejida con rollo en espiral, Ríosucio, Caldas


Algo similar observamos en un plato arqueológico hallado en el Amazonas ecuatoriano (Fig. 2), en el cual aparece la figura de una serpiente enroscada en espiral, además de otras figuras adicionales. La forma en que la serpiente se enrosca cuando va a atacar se caracteriza porque su cabeza suele sobresalir por encima de la espiral.

Fig. 2. Plato amazónico de origen arqueológico, fase napo (ca. 1100 DC).
Muestra una anaconda en alto relieve, enrollada en espiral sobre la superficie del plato.
(Noemi Payma – Catalina Sosa: “Mundos amazónicos. Pueblos y culturas de la
amazonia ecuatoriana”. Fundación Sinchi Sacha, Quito, 1993, pagina 42)


Un escudo desana (Fig. 3) de la colección del Instituto Colombiano de Antropología e Historia en el Museo Nacional, fotografiado por Gerardo Reichel-Dolmatoff, está elaborado con la técnica de tejido en espiral a partir de un centro. Aunque el escudo es plano, el centro sobresale, agregándole una tercera dimensión.

Fig. 3. Escudo ritual desana para la danza. (Gerardo Reichel- Dolmatoff:
“Basketry as Metaphor”, Museum of Cultural History, Los Ángeles (Ca.), 1985, p. 84, plate 71)


Otros elementos creados por las sociedades indígenas son los canastos werregue, elaborados por los waunnan del Chocó, cuya técnica de hechura es llamada cosido en espiral. En la base del que vemos (Fig. 4) llama la atención que el núcleo inicial a partir del cual se conforma la espiral es de color naranja, semejante entonces al que hemos visto en las imágenes de las galaxias. Sin que esto quiera decir que quienes los fabrican representen en ellos la historia o las estrellas.

Fig. 4. Base de canasto werregue de los waunaan del Chocó,
hecho con técnica de rollo cosido en espiral. Pichimá Quebrada


En la base (Fig. 5) del canasto siguiente, también de los waunnan, y también tejido en espiral, son más nítidos aún los brazos que salen del centro e igualmente el color naranja del centro de origen.

Fig. 5. Base de canasto werregue de los waunaan del Chocó,
con técnica de rollo cosido en espiral. Pichimá Quebrada


En esta mochila arhuaca (tutu) aparece la doble espiral enlazada (Fig. 6). Este motivo se había perdido y lo recuperaron para tejer esta mochila en la que aparece. Su significado está ligado al origen de la vida.

Fig. 6. Diseño de espirales enlazadas en una mochila arhuaca
de la Sierra Nevada de Santa Marta. Su significado enlaza con la vida.


Para los arhuacos, la actividad material y la actividad de pensamiento están estrechamente ligadas, no se pueden separar; según Reichel-Dolmatoff, cuando un arhuaco se sienta a tejer la manta ante su telar, dice “me voy a sentar a pensar”. Lo que es visible es que está tejiendo una manta, esas que usan tanto ellos como las mujeres, pero esa actividad material es también y al mismo tiempo una actividad de pensamiento.

En esta base de una mochila arhuaca (Fig. 7) con tejido de caracol, hay un punto de partida y dos grandes brazos negros. La técnica de tejido de estas mochilas es en espiral; se comienza desde el punto central y se va tejiendo hasta terminar la base; luego se sube el cuerpo también en espiral.

Fig. 7. Base de una mochila arhuaca con dibujo de caracol


La siguiente base de una mochila de la Sierra Nevada de Santa Marta (Fig. 8) presenta múltiples brazos de caracol, aunque no necesariamente salgan todos del mismo centro.

Fig. 8. Base de mochila arhuaca con caracol más complejo que el anterior.
Esta vez hay una multiplicidad de brazos


En las aldeas kogi tradicionales de la Sierra Nevada de Santa Marta, las casas (Fig. 9) en donde hace su trabajo el mamo, nuhué, tienen en la parte superior un cono invertido, el centro de ese cono es hueco y por ahí entran los rayos del sol que van marcando el paso del tiempo sobre el piso del nuhué, es decir, ese doble cono (la construcción también es cónica) a través del cual pasa la luz del sol es, a la vez, el reloj y el calendario de los kogi. Así pueden medir, no solamente el transcurso del día, sino el paso de los meses; el sol se mueve en el horizonte 23,5 grados hacia el sur y luego hacia el norte; por ello, dentro del nuhué el sol pega en un lugar específico en cada época del año, permitiendo así conocer el momento de los solsticios y equinoccios, que orientan el ciclo agrícola, las épocas de caza, las de pesca y las de recolección, los momentos de los trabajos de los mamos, las circunstancias para engendrar hijos, etcétera.

Reichel-Dolmatoff (“Templos Kogi. Introducción al simbolismo y a la astronomía del espacio sagrado”, en Revista Colombiana de Antropología, ICAN, vol. XIX, Bogotá, 1975, p. 210) agrega que, en la concepción de los kogi, el nuhué, construido sobre el piso, se prolonga bajo la tierra “en forma inversa; dividido por el plan terrestre el templo se concibe como un doble cono”, que se prolonga también por encima y por debajo de la tierra (Fig. 10), constituyendo no solamente una representación del universo, sino que también “es el cuerpo de la Madre Universal, es su útero” (ibid.; p. 211) y, por lo tanto, asociado con el origen de la vida.

Fig. 9. Izquierda: Segmento de foto de Güimelake, aldea kogi. Las flechas señalan los “templos” rematados en un cono invertido, cuyo vértice abierto deja penetrar los rayos del sol. (Gerardo Reichel-Dolmatoff: “Indios de Colombia. Momentos vividos – Mundos concebidos”, Villegas Editores, Bogotá, 1991, p. 125)

Derecha: Templo kogi, según Reichel-Dolmatoff. Su estructura se prolonga
hacia arriba, al cielo, y hacia abajo, en forma subterránea. (op. cit. p. 236, fig. 2)


Mucho tiempo después que los kogi, nosotros encontramos que en el origen de nuestra vida es posible discernir esa misma forma de los “templos” kogi, al menos según lo analiza Reichel. O sea que los kogi sabían que el origen de la vida humana estaba asociado a esta forma retorcida en espiral, que siglos después nuestra sociedad ha descubierto en las moléculas de ADN (Fig. 10 y 11).

Fig. 10. Los microscopios electrónicos han permitido encontrar la forma
de la cadena que forman las moléculas del AND, base de la vida


Fig. 11. A la izquierda, esquema del “templo” kogi, cuya forma tiene relación con el origen de la vida.
Obsérvese su semejanza completa con la molécula de AND, a la derecha,
tal como ha sido observada con los más potentes microscopios


Pero esta visión no se circunscribe a las sociedades indígenas en Colombia. Según el lamaísmo, en el origen hay un entrechocar de espirales, finalmente estas se concentran en un círculo, que es semejante a un círculo de acreción, alrededor de un centro y de allí comienzan a surgir los cinco niveles del mundo (Fig. 12), o sea que es una concepción de la historia del universo a partir de un elemento clave, la espiral.

Fig. 12. Lamaísmo. Una vez se han ampliado las espirales, emergen del mar primordial
los 4 continentes y los subcontinentes, y la montaña central, Meru, eleva su cima
hacia el cielo. La montaña cósmica se divide en 5 partes y se eleva mientras se amplía.
(Alexander Elliot et al: “Mitos”, Labor, Barcelona, 1976, pp. 80-81)


La mitad inferior es “un mar” de espirales que chocan hasta concentrarse en un círculo (Fig. 13). Así es la idea de la conformación del universo según los lamaístas. Y los continentes primitivos se muestran así:

Fig. 13. Al girar la luz primigenia de los 5 elementos en la corona flamígera del mar
fueron surgiendo espirales luminosas y continentes primitivos. Ibid., p. 80


Miremos ahora el camino que sigue la estrella polar, si se deja abierto el lente de una cámara fotográfica que la enfoque todo el tiempo (Fig. 14). Para Elliot, existe una gran semejanza con la imagen anterior.

Fig. 14. Una larga exposición fotográfica nocturna
con el objetivo enfocado hacia la estrella polar. (Ibid., p. 77)


Recordemos ahora la galaxia espiral barrada NGC1365, que ya vimos (Fig 15), y que guarda una similitud profunda con la imagen del Ying y el Yang, tal como se la aprecia la siguiente figura de cerámica (Fig. 16), con sus dos brazos enlazados.

Fig. 15. Galaxia espiral barrada NGC1365. Foto David Malin.
http://antwrp.gsfc.nasa.gov/apod/image/9910/ngc1365_hst_big.jpg


Fig. 16. El ying y el yang, dos serpientes enlazadas en espiral, con los 8 trigramas
de la permutación entre energía femenina (Ying, principio maternal, la tierra, negro)
y masculina (Yang, principio masculino, cielo, blanco). (Elliot, op. cit., p. 65)


Cosa similar ocurre con ananda, la serpiente mundo, de la India; en la imagen se encuentran los océanos primitivos, pero en ellos está la espiral del mundo, la serpiente, en la que está recostada la creadora de todo lo que existe (Fig. 17).

Fig. 17. Ananta/Vishnú. Al comienzo de la creación, Vishnú reposa
recostada en la serpiente del mundo, Ananta, símbolo de la energía cósmica
con sus 11 cabezas, sobre el océano original. A su lado, la diosa de la Tierra
(Cuadro de Rajasthan Prithivi. Ibid., p. 88)


Así mismo, en algunas sociedades australianas, el origen del mundo y de la cultura está en la serpiente del arcoiris, que se enrolla en espiral (Fig. 18).

Fig. 18. La serpiente del arco iris, Julunggul, es la divinidad creadora
y la forjadora de la cultura entre algunas tribus australianas
Aquí se la muestra enroscada en espiral. Ibid., p. 102, foto 4


 
 
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