Luis Guillermo Vasco   Luis Guillermo Vasco
 

PRÁCTICAS DE INTERVENCIÓN DEL CUERPO EN SOCIEDADES INDÍGENAS ACTUALES DE COLOMBIA
Informe final de "Recolección de información bibliográfica como Asesoría a la exposición temporal del Museo del Oro: CUERPOS PREHISPÁNICOS"

AMAZONIA

PUINAVE


Alfonso Camacho Parra: “Etnografía puinave”. Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1982. Trabajo de Grado.

Antiguamente los cargos de autoridad se personificaban en los hombres que ocupaban la cabeza dentro de la genealogía […]. Dichos roles se materializaban en funciones religiosas y/o mediáticas […]. Existían cuatro personajes principales en el ámbito de las relaciones ideológicas y políticas de control dentro de la comunidad las cuales podían ser desempeñadas en casos excepcionales por una sola persona […] los personajes que representaban estas funciones eran:

Ipuig–ot “el que sopla”. Encargados de soplar los alimentos consumidos en la comida colectiva, también a los niños recién nacidos y a las mujeres en período de menstruación.

Ijig–ot “el que chupa”, chupaba las enfermedades vomitándolas luego en un cajón lleno de objetos que supuestamente había extraído de sus pacientes.

Ibor–ot “brujo”, tenía la propiedad de convertirse en animal (jab–ot). Utilizaba dentro de su parafernalia o instrumental piedras transparentes “ñam” posiblemente cuarzo, que utilizaba para reconocer el culpable de una muerte.

Ijig–ot y Puig–ot, podían ser como se ha dicho una misma persona. P. 106

Gloria Triana: “Los puinaves del Inírida. Formas de subsistencia y mecanismos de adaptación”. Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1985.

Los Ijicot eran los personajes más altos en el mudo ideológico y podían transformarse en animales, Jebot, y usaban de piedras de cuarzo transparentes para adivinar. En su aprendizaje guardaban dietas, aprendían a tomar alucinógenos y a vomitar. P. 44

En el control demográfico utilizan anticonceptivos y esterilizantes, así como plantas para propiciar la fecundación y combatir la esterilidad. P. 60

Antes de la cacería se pintaban la cara con Kudñun, rojo ocre, y con caraña, leche de palo blanco que se mezclaba con carbón. También se hacían dibujos geométricos con líneas rojas, negras y verdes hechas con tinturas vegetales. P. 76

Se empleaban plantas abortivas y había infanticidio en caso de malformaciones, nacimiento de gemelos, nacimiento repetido y sucesivo de niños del mismo sexo y niños sin padre responsable. P. 108

NUKAK

Gabriel Cabrera – Carlos Franky y Dany Mahecha: “Aportes a la etnografía de los Nukak y su lengua –Aspectos sobre fonología segmental-”. Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Bogotá, 1994. Trabajo de Grado en Antropología.

Los espíritus debep (uno de los espíritus de los muertos) pueden llevarse a los nukak halándolos de los cabellos; por eso se rapan. P. 146

Con los folíolos del cumare (astrocaryum aculeatum) se fabrican unas cajillas en donde se guardan, entre otros objetos, las masillas de colorante. P. 180

Del tronco del árbol wahab (juansoco, Couma macrocarpa) se extrae un látex que se usa por hombres y mujeres para depilarse el rostro, incluyendo las cejas y los parietales. P. 184-185

Hipótesis: los nukak conciben su territorio en forma análoga al cuerpo humano; algunos elementos que conforman la naturaleza corresponden a partes del cuerpo humano. P. 228

Las burlas están relacionadas con el cuerpo: tiene un pene muy grande, tiene una pepa en la vagina, no tiene erecciones, no tiene dedos en el pie, tiene los ojos como los de un determinado pescado. P. 395

El día siguiente al parto, el padre hace un semicírculo con varas; luego toma mucho agua y vomita para limpiarse el estómago y garantizar la salud de su hijo. P. 399-400

En el paso del joven al adulto hay baño nocturno, posiblemente también como una “limpia”. P. 404

La noción de frío-calor atraviesa la concepción sobre salud-enfermedad; el frío se relaciona con la enfermedad y con la noche; el calor tiene propiedades curativas. P. 412

Los ancestros, cuando alguien moría, lo incineraban y tiempo después machacaban los huesos y los bebían con chicha de maíz para ser fuertes como el muerto y adquirir sus otras cualidades. P. 425

Gabriel Cabrera – Carlos Franky y Dany Mahecha: “Los Nukak, nómadas de la Amazonia colombiana”. Universidad Nacional de Colombia/COAMA, Bogotá, 1999.

Los colonos los llamaban “diablos rojos” por sus cuerpos pintados con achiote y keda? (arrabidea chica). Mujeres desnudas; hombres con tapa penes. P. 76

Se rapan el pelo para escapar de los debep, espíritus de los muertos que permanecen en el bosque, en el lugar de la muerte o en los alrededores; son peludos y oscuros y parecen micos churucos o sombras. Se alimentan de sangre de personas y animales, en especial de los enfermos. También les gusta el pelo, que los atrae. Por eso se rapan; antes lo hacían con mandíbulas de piraña; pero ahora todos los grupos tienen tijeras. P. 97-98

Se refieren a la ubicación de los grupos locales asociándola con partes del cuerpo: gente del pecho, gente de la mitad, gente de la coronilla. Otras relaciones que se expresan en la lengua: el suelo y la piel se denominan day; la columna vertebral, los troncos y los tallos de las plantas se denominan ta; el techo de las casas y el pelo de la gente son cei. P. 100

El sol se pinta con achiote antes de entrar a su casa, por eso las nubes se ponen rojas al atardecer; la luna también se pinta y por eso tiene manchas. P. 101

Cuando se encuentran dos grupos locales, se celebra un ritual de encuentro. Uno de los preparativos para el ritual es: depilarse, pintarse y pegarse plumas en la cara. P. 130

En los días que siguen al ritual, cuando se encuentran los miembros de los dos distintos grupos locales, ocultan el rostro con pintura, con hojas sueltas de seje o platanillo. Al hablar, evitan mirarse, ocultándose con las zampoñas o las flautas o detrás de un árbol. En las zonas de colonos, algunos nukak ya no se pintan el rostro; si son hombres y usan cachucha, al encontrarse ocultan la cara bajando la visera con una mano. Esto lo explican por vergüenza y temor. En parte, la pintura facial y corporal son preventivas para protegerse de otra gente o de los espíritus. P. 135

En los dos primeros días después del parto, la madre corta el cabello del bebé y le pinta el rostro y el cuerpo con achiote. Todos los bebés son frecuentemente bañados, depilados, peluqueados y pintados, así como sus madres, para que se vean bien y no se enfermen. El padre se pinta el rostro y canta; éste y los demás hombre se comportan frente al recién nacido como frente a miembros de otros grupos: permanecen pintados y peluqueados y evitan las miradas. P. 178-179

Algunas muchachas, después de su primera menarquía, se pintan, en especial la espalda (Nuevas Tribus). Las mujeres deben permanecer pintadas todo el tiempo que duren menstruando. P. 184

En la iniciación de los jóvenes, estos deben permanecer pintados. P. 188

Durante el noviazgo, las muchachas se embellecen con pintura facial y corporal. P. 199

Tradicionalmente, las mujeres permanecen desnudas con sus cuerpos decorados y pintados con achiote y keda? (arrabidea chica). Hoy, muchas permanecen vestidas con ropas occidentales, tanto en los campamentos como entre los colonos. Los hombres usan un tapa penes hecho con corteza de árbol en un telar y luego pintado con be’, achiote, o keda? (arrabidea chica). Algunos comienzan a usar pantaloneta. La pintura facial es una marca de género con diseños exclusivos para cada sexo, por ejemplo: las mujeres se dibujan una línea alrededor del mentón y los hombres no. P. 205

Un enfermo grave no se pinta ni se adorna con aretes ni plumas. P. 213

A los muertos les pintan el rostro y el cuerpo con achiote y keda? (arrabidea chica) y les colocan sus aretes. P. 216

Las mujeres recogen la materia prima para la elaboración de la barra de achiote. P. 236

Se atan ligas hechas con las tiras más gruesas de la fibra de cumare que se cocinan y se tiñen con achiote o keda? (arrabidea chica); la elaboración de las ligas es tarea femenina. Tanto hombres como mujeres las usan en los tobillos y bajo las rodillas; los hombres también las llevan, más anchas, en las muñecas. Una forma de teñir es torcer las fibras sobre el muslo untado con achiote. Cuando no hay ligas, usan tiras de tela o de fibra para reemplazarlas. P. 257

Dibida sembrando yuca (ligas de las piernas) P. 333

Las mujeres siembran achiote en los huertos; también la keda? (arrabidea chica), una planta de cuyas hojas se extrae un colorante. A veces agregan estas hojas durante la cocción de la fibra. Los colorantes se almacenan en forma de masilla. “Además del valor simbólico que tiene la pintura en la apariencia requerida para realizar algunas actividades cotidianas como la cacería y la recolección, y en otras más especiales como los rituales, los nukak afirman que también los protege de los insectos”. Con este colorante se tiñen también lanzas, totumos, tapa penes, zampoñas y flautas. P. 289

Gustavo G. Politis: “Nukak”. Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas - Sinchi, Bogotá, 1996.

D’yeu y Vicente llegando de visita
a la banda de Boori P. 29

“Una de las representaciones más comunes de la ideología Nukak son las pinturas faciales y corporales. Las pinturas en el cuerpo son muy frecuentes entre los Nukak, se conciben como una especie de “vestido y resultan numerosas las ocasiones en que se pintan generalmente de rojo con achiote o con un preparado de hojas llamadas éoro. Una de las más comunes es cuando visitan a otra banda, o cuando las mujeres están con la menstruación. Cada banda tiene sus diseños y existe una diferencia marcada entre los motivos de los hombres y las mujeres. Las parejas se pintan entre sí y las madres pintan a sus hijos. Las pinturas corporales representan un complejo simbólico y ritual que aún desconocemos”. P. 65-66

Weweyi en su campamento P. 35

Haciendo harina de seje P. 185

Puenabe cazando P. 247

Las mujeres hacen las pulseras tejiendo a mano hilos delgados de fibras de cumare teñidas con éoro. Fabrican las de los bebés desde los primeros días de nacidos. Si no hay pulseras, pueden reemplazarse con fibras de cumare sin procesar. P. 323

“La utilización de pinturas tanto en el cuerpo y la cara como en muchos objetos está restringida a dos plantas: el achiote (Bixa orellana) y el éoro. Las semillas de achiote son de un rojo intenso y se frotan directamente sobre lo que se desee pintar, sin ninguna elaboración previa, diluyéndose con la saliva en la mano. El éoro es una planta cuyas hojas se utilizan para elaborar una tintura de color rojo, similar al achiote. Las hojas secas se ponen a cocer con agua y se les agregan tallos o pedazos de corteza de biri. Cuando se espesa después de una jornada completa de cocción, se deja asentar y la sustancia viscosa se empaca en trozos de tela en forma de bolsitas, que se suspenden sobre un fogón para secarlas y permitir que se compacten. La pasta resultante se aplica con la mano en el cuerpo o con la ayuda de un palito se usa para la pintura facial. Se diluye con saliva igual que el achiote. Esta sustancia podría actuar como repelente de insectos, pero esto no está confirmado”. P. 324 y 327

Despostando P. 255

Usan collares de dientes de mono, de preferencia colmillos de araguatos (alouatta seniculus), que se perforan con un cuchillo y se ensartan en cumare. Si un niño muere, su collar se entierra con él.

Carlos Vladimir Zambrano: “El contacto con los Nukak del Guaviare”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. XXXI, Bogotá, 1994, pp. 175-193.

Salió a Calamar un grupo de cazadores vestidos tan solo de pinturas de achiote y kiaremo. P. 182

Las mujeres se depilaban las cejas y se rapaban el cabello con caucho balata y dientes de piraña; los hombres hacían sus collares con dientes de mico churuco y se pintaban el cuerpo con achiote. P. 184

William Torres C.: “Nukak: aspectos etnográficos”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. XXXI, Bogotá, 1994, pp. 195-234.

“Rodeado por un grupo de gente desnuda, pintada en máscara facial y corporal trazada con achiote, de cabeza y cejas rapadas, de cuerpos esbeltos, fuertes, cobrizos –no muy altos. Me miran, me tocan, me palpan, me exploran con su tacto el cabello largo, la barba, la piel, las manos, los dedos, la ropa; exploran mi morral y la mochila e indagan por mi presencia”. P. 197

En otro catarijano (bú’rup) más pequeño, que va dentro del grande, llevan el achiote, el espejo, las tijeras, los fósforos, hilos de cumare para hacer chinchorro y las bandas (kut’yu) con las cuales se ciñen fuerte las muñecas, la parte inferior de las rodillas y la superior de los tobillos hasta deformarlos para resaltar las pantorrillas. Las fibras de cumare, los chinchorros y sus cuerpos son teñidos de rojo (méru). P. 198-199

A un colono que pasó con ellos una semana lo pintaron con achiote y le abrieron un hueco en el lóbulo de la oreja para pasarle un tubito. P. 205

Otro colono considera que las “ligas” que se colocan los Nukak son tan apretadas que les marcan profundamente esos sitios “como si se les fueran a quebrar; y cree que son “contra para las culebras”. P. 213

En las orejas perforadas se colocan pequeños tubos de bambú adornados en su extremo anterior con plumas blancas y rojas. P. 225

Al amanecer, después de bañarse y juagarse la boca, vienen a calentarse junto al fuego. Las mujeres renuevan su pintura facial y algunos se motilan unos a otros.

Podría decirse que es una cultura de lo rojo. Su cuerpo luce de rojo. Las mujeres, desnudas, son quienes con mayor frecuencia marcan su cuerpo con trazos rojos en el rostro, el cuello, el tórax y las piernas. De una cuerda roja de cumare que cuelga del cuello de hombres y mujeres penden dientes y colmillos de mico y de otros animales cazados; en la parte de atrás, donde se anuda, cuelgan plumas y alas de cucarrón. Ambos sexos llevan en el lóbulo de la oreja, horadado, adornos jura’tami, que son tubitos de bambú o huesos muy delgados, con plumas suaves blancas y rojas adheridas con pegante. Los hombres llevan un guayuco de fibras vegetales teñidas de rojo solamente en la parte superior. P. 229-230

Theodor Koch-Grünberg: “Dos años entre los indios”, vol. I, Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1995.

Fotografié a un indio uanana del Caiary (Vaupés) con vestido de danza: en la cabeza una banda de pequeñas plumas de tucán rojas y amarillas y por detrás una peineta larga y fina, cuyas puntas largas tenían infinidad de pequeñas plumas multicolores. Del centro de la peineta caía una larga cola de plumas blancas de garza casi hasta los talones. P. 55-56

Foto 6: Uanana con vestido de fiesta. P. 55

Llegaron indios siusí, aruak del alto Isana; casi todas las mujeres estaban semidesnudas y con todo el cuerpo pintado con puntos rojos, lo mismo que los niños; es una prevención contra resfríos y otras enfermedades. P. 81-82

En el Mirití, venían de una fiesta, el hombre sólo con taparrabo y las mujeres con faldas cortas de algodón, la cara pintada de rojo brillante y el pecho decorado con manchas negras. P. 88

En Cururú-cuará, “en un oscuro rincón, descubrí, para mi satisfacción, dos magníficos trajes con máscaras rituales para danza guardados en un estante; estaban cubiertos de polvo, pero, a excepción de algunos desperfectos, se conservaban bien. El traje en sí estaba hecho de una corteza blanca y decorado con diseños multicolores; las mangas eran de corteza roja y de ellas, al igual que de las máscaras, colgaban largas tiras de corteza amarilla. Una de las máscaras representaba una mariposa, makálu; la otra, una oruga de falena ákoro, según me explicó Mandú (Lámina II). Procedían de los káua-tapuyo, que vivían río arriba en unas malokas grandes. Allá tendría oportunidad de encontrar otros de estos trajes”. P. 105

Lám. II: Máscaras kaua-tapuyo de oruga y mariposa. P. 74

Los hombres no se depilan el vello púbico; pero se quitan la barba arrancándose los pelos mientras se miran en un espejo. P. 108

En Ätiaru, llegaron unas 200 personas para la fiesta, con el cuerpo teñido de negro azulado con el fruto del genipápo (Genipa brasilensis Mart.). Muchos de los venidos del Caiary tenían adornos de plata en el cuello; unos eran simples monedas; otros eran triangulares lisos y los llamaban mariposa, makálu. P. 113-114

Dos hombres tenían adornos multicolores de plumas en la cabeza y cascabeles de cáscaras de frutos en el pie derecho; bailaban al tiempo que hacían sonar las flautas del yapurutú. P. 114

Foto 44: Corona de plumas. P. 115

Encontramos una máscara de mariposa, fácil de identificar por la antena hecha con un trozo curvo de sipó. Otra estaba muy dañada y la utilizaban como saco; era de un pequeño pájaro blanco llamado uitsi. P. 136

En una maloca de la cachoeira Yuruparí se encontraron, colgados de un travesaño, numerosos látigos largos con los que los hombres se azotan en los bailes rituales hasta sacarse sangre. “Posteriormente, algunos jóvenes me mostraron con gran orgullo las cicatrices que tenían en el vientre y los muslos”. P. 139

Los habitantes se dedicaron a elaborar máscaras: quitaban la corteza interior de un árbol grande, después de haber separado la exterior, golpeándola cuidadosamente con un mazo de madera lleno de muescas; la lavaban y después la cosían sobre varitas flexibles con agujas de hueso de mono barrigudo (lagothrix olivaceus), según la forma requerida.

Foto 67: Kaua cosiendo máscaras. P. 142

Foto 68: Aguja de hueso

“La ponían a secar sobre una roca, al rayo del sol, al poco tiempo las máscaras estaban ya secas y listas para pintarlas con diferentes colores, según lo que se quisiera representar con cada una de ellas. El negro lo obtenían del fino hollín que raspaban de las ollas donde cocinaban; el rojo, de las semillas de urucú; y el amarillo, de una especie de arcilla que tomaban de la orilla del río. El blanco era, simplemente, el color natural de la fibra que quedaba sin pintar. Mezclaban los colores con la resina lechosa del mismo árbol de donde sacaban la corteza para fijarlos a la superficie y evitar que se corrieran. Las líneas rectas las trazaban con la ayuda de reglas hechas de los pecíolos de la palma mirití; para las líneas curvas utilizaban sipó; los pinceles eran pequeños palitos con algodón y fibras vegetales en la punta (Foto 69 a). Para poder pintar las máscaras sin que la pintura se pasara al otro lado, los artistas las rellenaban con hojas de plátano, lo cual les proporcionaba, a la vez, una base más firme para ejecutar el trabajo.

Foto 69: a. pincel; b. sello. P. 143

“Por lo general, los diseños policromos geométricos representaban la piel de algún animal reproducido con la máscara. Estos diseños se conocían por el nombre genérico de ihídana, que significa dibujo, pintura. Así denominaban también las anotaciones de mi diario. La pintura de las máscaras que representaban jaguares era especialmente dispendiosa: la piel amarilla rojiza manchada de negro del animal se representaba con pequeños círculos rojos mezclados con muchísimos círculos negros. El artista tomaba un palito hueco de ambaúva, lo soplaba cuidadosamente para eliminar cualquier residuo de resina que pudiera dañar el dibujo, lo mojaba en la pintura y lo estampaba sobre la tela de corteza (Foto 69 b). De otro árbol obtenía la corteza roja para las mangas, y las fibras amarillas para los colgandejos provenían de otra clase de tronco. La mayoría de las máscaras representaban rostros en los que se veían los dientes; algunas tenían una especie de trenza de corteza amarilla”. P. 142-143

“Los más lindos collares eran los de los niños pequeños. Los padres tratan de manifestar toda la adoración que sienten por sus vástagos colgándoles toda suerte de adornos. Semillas redondas, trozos pulidos de cáscaras de distintas frutas de palma (especialmente de tucumá e inayá), huesos de la paleta de la tortuga terrestre, yabutí, pequeñas manos talladas en carey, dientes de diversos animales, como el jaguar, el jabalí, el caimán, el mico, etc., ensartados al tiempo con cuentas de vidrio, formando hermosos diseños, en cuerdas de fibra de palma. Alrededor de los tobillos los niños llevaban sartas de nueces huecas y frutas de palma, similares a los collares, a manera de cascabeles.

“Para perforar las cuentas, se emplea una astilla de hueso de mico barrigudo atada a una vara de madera de palma con un hilo de carauá cubierto de alquitrán. Producen la perforación deseada haciéndolo girar rápidamente entre las manos. A falta de este instrumento, los indios utilizan también un simple anzuelo de pesca provisto de una punta de hueso o hierro que también les da buen resultado. Guardaban las cuentas para ensartar y los pequeños canutillos en hermosas cajitas tejidas con hojas de palma. Las había de los más variados tamaños”. P. 146

En la maloka de Mandú, la gente había estado en una fiesta de kaschirí por un muerto, por eso tenían el cuerpo pintado azul oscuro con genipápo. P. 148

Foto 80: Faldas de cuentas. P. 153

Solamente en las ocasiones fúnebres se baila con máscaras. Las mujeres se colocan para las danzas delantales de cuentas con figuras de grecas, semejantes a los de la cerámica y los tejidos. P. 150

“En la Cachoeira Yurupary todo estaba en perfecto orden […] las máscaras estaban listas para la danza que debía comenzar al atardecer. Unas representaban animales, como la mariposa, ama y señora de todas las danzas de máscaras, el buitre negro, el jaguar, peces, orugas, escarabajos, etc., pero también había demonios con rasgos y ademanes humanos, y otras representaban gigantes o enanos. También las máscaras de animales encarnaban demonios que representaban a las distintas clases de animales. Pero no eran imágenes naturalistas del respectivo animal, sino que casi no se diferenciaban de las máscaras humanas a no ser por algunos ornamentos y ciertos atributos. No siempre se presenta la misma danza con la misma máscara. A veces sólo se capta el significado específico de una máscara en la forma en que se ejecuta la danza.

“Sólo los hombres participaron en la ceremonia, pero se les permitió a las mujeres y a los niños presenciar el espectáculo. Los bailarines, casi totalmente ocultos tras las máscaras, se movían con pasos rápidos y con las rodillas ligeramente flexionadas mientras entonaban rítmicas pero monótonas canciones, cuyo carácter lúgubre concordaba en forma extraordinaria con las feroces muecas de las máscaras cuyas bocas dejaban ver enormes dientes. De la cabeza de casi todas las máscaras colgaba una larga pluma roja de arara.

“Era evidente que la letra de las canciones, en kobéua y en aruak, era muy antigua y ni los mismos intérpretes pudieron explicármela. Muchas de las palabras eran un simple sonsonete semejante a nuestro «tra-la-la», otras, probablemente sean la imitación del grito de algún animal específico. También representaron con admirable capacidad histriónica los movimientos característicos de los animales y las cualidades nocivas de los demonios Algunos bailarines sostenían bastones de danza más o menos largos adornados con banderas de corteza, con los cuales golpeaban el suelo, marcando el compás, para acentuar todavía más el riguroso ritmo. Para anunciar el comienzo de una nueva danza se golpeaba la pared de la casa con los bastones. Al finalizar cada una de las danzas, los bailarines corrían dando saltos hacia el frente de la casa, donde había más máscaras colgadas de unos postes colocados en fila; allí daban rápidos saltos hacia delante y hacia atrás, mientras movían el tronco hacia los lados. Repetían estos movimientos dos veces, dando fuertes patadas contra el suelo, y por último se quitaban las máscaras”. P. 153-154

Foto 82: Máscaras káua, río Aiary. P. 154

En la siguiente maloka hubo otra ceremonia con máscaras. Ya no era un simple desfile de todas las máscaras llevando sus atributos en la mano, sino que la escena era violenta y dramática. “Aquí la escena era de carácter violento con un alto grado de dramatismo. A las cuatro de la tarde salieron de la selva, en fila india, seis enmascarados ataviados con trajes fantásticos y, por parejas unos, otros individualmente, ejecutaron varias danzas en la plaza con pasos rápidos, moviéndose hacia uno y otro lado, mientras entonaban un incesante canto al ritmo de una música lúgubre. Mientras tanto en el pasillo central de la maloka, dos enmascarados tomados de la mano danzaban y cantaban (Foto 82). Súbitamente, los que se encontraban afuera, se lanzaron hacia la entrada de la casa vociferando y golpeando las paredes con largas horquetas, tratando de vencer la resistencia que les oponían los dos enmascarados que estaban adentro. Eran los espíritus malignos que querían tomar posesión de la vivienda. Durante esta violenta escena representada con gran realismo, la madre y la viuda del difunto lanzaban gritos desgarradores. El ataque de los espíritus fue rechazado, pero estos rodearon la casa para intentar entrar por la puerta de atrás. Allí se repitió la escena, esta vez con mayor violencia y desenfreno. Los gritos de "hé-hé-hé!", tanto de los defensores como de los atacantes, se hacían cada vez más fuertes. La casa entera temblaba por la fuerza de los golpes. Los haces de paja que recubrían las paredes caían al suelo arrancados por las horquetas. Los lamentos de las mujeres iban creciendo en intensidad hasta alcanzar niveles indescriptibles. Los espíritus habían penetrado en la casa. Dos de los enmascarados, parados frente a frente, apuntalaban con las horquetas la viga transversal de la maloka, mientras entonaban el mismo canto que entonaran afuera antes del ataque.

“Los demás repetían la danza que habían ejecutado afuera, moviéndose de un lado para otro y cantando: "uánale uánale/minalíkayá", etc.

“Poco a poco, los estrepitosos lamentos de las dos mujeres se transformaron en un melodioso canto fúnebre, acompañado de sollozos, y fue perdiendo intensidad hasta extinguirse por completo. Los espectadores permanecían tranquilos; en los rostros de las mujeres se adivinaba el miedo; dos jóvenes asustadas se treparon con prisa a un andamio. Terminada la ceremonia, todos, inclusive las dos atemorizadas muchachas, y las dos mujeres que hacía un momento habían proferido tan desgarradores lamentos y que habían llorado inconsolables cubriéndose los rostros con la mano, comenzaron a reír y a armar gran alboroto.

“Después de esta danza introductoria, siguieron otras más pacíficas, especialmente características. El intérprete de la danza del buitre negro (kauálami en kobéua y uáisoli en siusí) sostenía con ambas manos un bastón que llevaba detrás de la nuca y moviendo el tronco hacia uno y otro lado, imitaba la forma de andar de este pájaro, que cuando vuela se eleva majestuoso hacia el sol, mientras que cuando camina se mueve lenta y penosamente guardando el equilibrio con sus alas (Foto 83).

Foto 83: Danza del (urubú) buitre negro. P. 156

“El intérprete de la danza del jaguar (yauí en kobéua y dzáni en siusí) daba salvajes saltos felinos con el tronco muy doblado, mientras arrancaba sonidos sordos a una caña de ambaúva que, para obtener una mejor resonancia, estaba amarrada a una olla. Los sonidos obtenidos con este "instrumento" remedaban el aullido de la temible fiera (Fotos 84). La olla contenía pequeñas piedras que el bailarín hacía sonar de vez en cuando. Después, dando enormes zancadas, iba velozmente de un lado para otro al tiempo que cantaba una canción de varias estrofas, en la cual intentaba imitar por medio de palabras repetidas una y otra vez los ruidos característicos.

Foto 84: Danza del jaguar. P. 157

Foto 86: Danza del escarabajo pelotero. P. 158

“En la danza del escarabajo (kelatómoli en kobéua e ischita en siusí) se representa el trabajo de purificación que practica este diligente insecto (Lamellicornia) que hace pequeñas bolas de excrementos y las entierra para que fertilicen el suelo. En ella toman parte dos intérpretes que, con las manos entrelazadas, caminan hacia adelante y hacia atrás mientras en la otra mano llevan sus bastones de danza y con ellos hacen rodar otro bastón que representa la bola de excremento (Foto 86).

“La danza de la lechuza (kobéua: murukutúko; siusí: murukutútu) estaba a cargo de un intérprete, que por toda indumentaria llevaba una máscara en la cabeza; en una mano portaba una tea encendida y en la otra un bastón. Daba saltos cortos hacia un lado y otro, golpeando con el bastón los postes de la casa para imitar el aleteo de la lechuza al volar de árbol en árbol, y lanzando un grito semejante al del ave: "pu-pu-pu", de donde se deriva el nombre que se le da a este pájaro en lengua kobéua: púpuli. Sin duda, la tea encendida representaba los brillantes ojos del animal. Esta danza resultaba especialmente graciosa por los movimientos ágiles y elegantes del bailarín delgado y desnudo (Foto 87).

Foto 87: Danza de la lechuza. P. 159

“Un enano barbado representa a un maligno duende de la selva llamado Makuko en kobéua y húiniri en siusí, que se burla del cazador matándole la presa cuando ya está a punto de atraparla y también mata a las personas disparándoles dardos envenenados. En la danza del Makuko se representa fielmente la cacería con cerbatana; la forma como el cazador se aproxima cautelosamente a la presa hasta que por fin le dispara (Foto 88). Para representar esto, lanza ante sí, en un momento determinado, la figura de un mono hecho de tiras de corteza que había llevado en el brazo izquierdo La figura representa al mono herido que el bailarín remata entonces con su cerbatana, es decir, con su largo bastón de danza, adornado con tiras de corteza de árbol, mientras imita en forma impecable el angustioso chillido del animal.

“Se representa en forma muy humorística la cacería de un caimán. Se elabora con tela de corteza la burda figura de un caimán. Tres enmascarados matan al animal a palo, lo amarran a una larga vara y lo llevan en hombros por toda la casa cantando Después se acuclillan en el suelo, extienden la presa y la descuartizan. Las mujeres traen ollas Luego simulan encender fuego y meter los trozos del animal en una olla para cocinarlos y después comérselos. Me invitaron a tomar parte en el festín, sentado al lado de los cazadores que hacían el ademán de arrancar la carne con los dientes. Yo me quejé y dije que la carne estaba "dura como un cuero" (matsi-te) e hice gestos horribles mientras simulaba comerla, lo cual provocó la risa y la alegría de todos los presentes También «Kariuatinga» recibió su parte. Por último, los enmascarados envolvieron el resto de la "carne", la amarraron a la vara, y levantándola en hombros dieron varias vueltas por la casa cantando.

Foto 88: Danza del espíritu de la selva. P. 159

“Tal vez la danza más interesante de toda la ceremonia fue la danza fálica, en la que participaron todas las máscaras, sin excepción. En ella se representa con mímica el acto sexual y la fecundación (Foto 89). A pesar de los movimientos grotescos, la danza se considera como algo serio, tanto por parte de los intérpretes como por parte del público Es la danza que da origen a que haya fertilidad para todo el pueblo, incluyendo las personas, los animales y las plantas; tiene un sentido puramente ético y es del todo ajena a cualquier concepto de indecencia que según nuestra ideología pudiéramos darle. […]

Foto 89: Danza fálica. P. 160

“Es evidente que estas danzas tienen un significado profundo: se trata de hechizos. Al espíritu del muerto se le atribuyen tendencias malignas y vengativas y es necesario apaciguarlo mediante danzas y lamentos continuos para evitar que regrese en busca de uno de los deudos. Los espíritus malignos que puedan haber sido los causantes de la muerte del ser querido, pueden ocasionar nuevas tragedias y es necesario estar protegidos; no se puede nunca estar seguro.

“Era necesario ejercer una influencia mágica sobre Makuko y el jaguar, enemigos del cazador, sobre las plagas del campo, las orugas, larvas, escarabajos y demás insectos, mediante la imitación de los movimientos característicos de cada cual para así lograr que resultaran benéficos para el hombre; lo mismo ocurría con los animales de caza, que debían reproducirse en gran número para suministrar abundante caza; y con las cosechas, para que la tierra fértil produjera abundantes y exuberantes frutos.

“Por todo esto, en mi concepto, estas danzas se basan en los mismos principios determinantes de todas las danzas rituales del mundo: la expulsión de demonios y el incremento de la fertilidad”. P. 156 a 162

Solamente un niño de 12 años estaba completamente desfigurado por la enfermedad purupuru, lo que muestra que no siempre se asesina a los niños deformes. Una vez, el niño tomó las hojas del té y se las frotó en todo el cuerpo como medicina. P. 163

En el Caiary-Uaupés, donde los uanána, nos hicieron fiesta. Los asistentes de malokas vecinas llegaron todos con los rostros pintados; algunos traían flores rojas detrás de las orejas; otro usaban ramas verdes aromáticas a los lados, que sostenían con el cordón que se amarran a la cintura. P. 167

“Negocié allí una finas bandas de curauá que tanto hombres como mujeres se amarran por debajo de las rodillas”. P. 168

“Al poco rato encontré a este noble hombre pintado de rojo, junto con su padre y su hermano Gregorio, detrás de la casa, soplándose unos a otros, como medida para protegerse de la enfermedad. Cada vez que aparecía una enfermedad, todo el pueblo se pintaba el cuerpo con puntitos rojos de pintura de carayurú. Para hacer esto, la pintura se disuelve en la resina del árbol caránya, que los siusí llaman urukaí”. P. 180

“Al atardecer del 18 de diciembre se efectuó otra cura, esta vez a cargo del padre de Mandú, quien gozaba de fama en toda la región de gran chamán. El paciente estaba sentado en una silla frente a la casa, el viejo le roció todo el cuerpo con un brebaje que sacaba de una enorme olla valiéndose de una taza, se lo roció con fuerza, sobre todo por encima de la cabeza y la espalda, donde estaban localizados los dolores. La infusión estaba preparada con unas hojas muy aromáticas de un arbusto específico y con hierbas que habían sido cocidas a fuego lento bajo el sol de la tarde. Una vez cumplida esta etapa, tomó la cabeza del enfermo entre sus manos, la frotó, la friccionó y la sopló con exhalaciones cortas y fuertes. Después, ambos comenzaron a buscar algo afanosamente por tierra y otros se les unieron para ayudar en la búsqueda. Por fin, el chamán encontró cinco palitos negros y lisos. Le pregunté de qué se trataba y el mismo enfermo me respondió que estos palitos se le habían metido en el cuerpo y por poco le ocasionan la muerte. En ese mismo momento, el chamán me miró de soslayo y sonrió. Me explicó que las hojas verdes eran posánga (remedio, medicina). Después de esta drástica cura, que además se practicó al sereno, el pobre paciente enfermó mucho más y tosió y se quejó el resto de la noche”. P. 180

“Por la tarde, los chamanes (el padre de Mandú, su hermano Gregorio y el huhúteni) practicaron un gran exorcismo detrás de la casa fúnebre. Tenían las caras pintadas de un color rojo impresionante y en la mano derecha sostenían maracas que batían constantemente sobre una canasta de color pardo, no muy honda, que contenía los efectos personales del moribundo. Se acompañaban con un canto monótono que consistía en realidad en tres notas y unas pocas palabras que repetían una y otra vez. Así estrechamente acurrucados, expulsaban de los objetos el espíritu de la enfermedad. Ocasionalmente, se incorporaban de un salto y agitaban las maracas con fuerza hacia todos lados para ahuyentar al espíritu y evitar mayores desastres. Esto duró cerca de una hora; luego se acercaron al lecho del enfermo que ahora se encontraba rodeado por un cerco de tablas delgadas, para intentar una última cura; al poco tiempo salieron de nuevo a la parte de atrás de la casa y repitieron la escena anterior, aunque ahora fue más breve; después se lavaron la pintura en el río”. P. 182

En la casa del difunto, “la escena: había cambiado. El muerto estaba vestido con camisa y pantalón (en vida siempre. anduvo desnudo) y tenía la cara cubierta. Lo habían tendido en el centro de la casa, sobre el cerco de tablas con los brazos atados al cuerpo y los pies atados también a la altura de los tobillos; las manos, que reposaban sobre el estómago, estaban igualmente amarradas. Los hombres habían cavado una fosa, valiéndose de unos remos, entre la columna central y la columna posterior del lado derecho de la casa y todavía estaban trabajando en ella. Mandú destapó la cara del cadáver y pude ver sus rasgos de tipo baníwa, con una nariz muy curva que la muerte mostraba aún más claramente. Mandú le cubrió el rostro con una máscara hecha de la cáscara de una calabaza después de que su hermosa hija, con cierta reticencia, pintó los rígidos rasgos del muerto con pintura roja oscura de carayurú por orden suya. Mandú le había abierto a la máscara dos orificios para los ojos y uno para la boca. A continuación, envolvieron todo el cuerpo en trapos viejos que amarraron con fuertes cuerdas de fibra de tucum (Palma tucum: Astrocaryum). Entre varios hombres colocaron esta especie de momia en el ataúd, hecho con la canoa, lo taparon y amarraron las dos partes con lazos. Después, el sobrino de Mandú y su esposa, que aparentemente eran los familiares más cercanos, dado que la esposa del difunto había muerto hacía ya muchos años, se acurrucaron junto al ataúd y volvieron a cantar con gran amargura, dejando escapar desgarradores lamentos. Desde su rincón, la vieja dejó escuchar también algunos gemidos. El hijo del difunto, un encantador chiquillo de diez años que ese día llevaba pintadas sobre los ojos dos finas rayas negras, había colocado en el ataúd un hacha y otros objetos pequeños para su padre. A él le quedaron de herencia los bienes de su progenitor, que los chamanes habían logrado liberar de las influencias malignas y entre los cuales había objetos como remos, un arco con flechas, una cerbatana, un carcaj, adornos de plumas y otros enseres. Por último, las dos aberturas del ataúd se cerraron con grandes fragmentos de ollas y pedazos de budare. Mientras Mandú salía a disparar otro tiro de fusil, varios hombres bajaron el ataúd a la tumba utilizando sogas. Vino entonces una escena violenta imposible de describir. Las mujeres arrastraron a los niños hasta el borde de la tumba, los pequeños lloraban y las madres los ponían de cara al suelo mientras ellas, a su vez, se acurrucaban y lloraban escandalosamente uniendo su llanto a los gritos de los niños de pecho. Llegaban de todos lados para acurrucarse alrededor de la tumba y llorar, siguiendo un cierto ritmo con entonación melódica”. P. 184-185

Al día siguiente el entierro, toda la gente se pintó otra vez el cuerpo con caruyurú. Pero esta vez con rayas ocasionales sin mucho arte, especialmente en los pies. P. 187

Después de una ceremonia fúnebre, hubo una gran fiesta. Las mujeres y los niños tenían la cara pintada de rojo en señal de júbilo. P. 188

El padre de Mandú me mostró una perforación que tenía en el centro del labio inferior, diciendo que en su juventud había usado un palillo ornamental o patepi, según acostumbraban los baníwa; y demostró cómo era con un pedazo de hoja de palma.

Foto 103: Chico. P. 190

Foto 104: Adorno de espalda

Al anochecer, se iniciaron las danzas, en las que varios participantes llevaban colgando del codo izquierdo un cordón de pelo de mico rematado con un penacho de plumas de distintos colores y la cáscara decorada del fruto de la palma tucumá. Mandú llevaba en la cabeza un adorno de plumas de garza, del cual colgaba una larga tira de colas de tucán que le caía por la espalda. Llevaba la cara pintada de rojo y se puso unos pantalones muy sucios y rotos. P. 190-191

Foto: 105: Danza uanéui de los siusí. P. 191

Foto 109: Pinceles. P. 195

“Los nuevos invitados se dejaron decorar los cuerpos con genipápo por las mujeres para quedar a la altura en cuanto a apariencia; unos cuantos se limitaron a mancharse todo el cuerpo sin arte ninguno; sólo la cara quedaba sin genipápo. Primero se fricciona todo el cuerpo con pintura roja de caruyurú; una vez hecho esto, se aplica el sucio jugo gris de la fruta de genipápo que, al poco tiempo, se torna azul oscuro por el contacto con el aire y dura de dos a tres semanas a pesar de que se lave con frecuencia. A veces las mujeres dibujaban los diseños con tres palitos flexibles, amarrados por un extremo, de modo que con cada trazo hacían tres líneas paralelas y aceleraban considerablemente el proceso; otras veces, usaban sólo un palito y ejecutaban el trabajo con mucha pulcritud. Todos los bailarines se decoraron el rostro con delicados diseños rojos de pintura urucú (bixa orellana), sirviéndose de un espejo”.

Cuando llega su primera menstruación a una joven, su madre le corta el pelo y le pinta la espalda con pintura de genipápo, mientras se sienta en el centro de un “círculo de amistad” en mitad de la casa. Cada amigo recibe un mechón de pelo y lo guarda con cuidado. Los jóvenes se los amarran en el pelo o los usan para otra decoración durante las danzas. P. 199

Foto 114: Plumas de garza blanca que se colocan
verticalmente detrás de las diademas. P. 199

Danza de kóai: se baila en vueltas con dos o tres flautas grandes, uáli, que las mujeres no deben ver. Cada hombre coloca su mano sobre el hombro derecho del compañero que tiene al lado; en la otra empuña el látigo. Después de cada vuelta, se colocan en fila uno al lado del otro; uno de ellos coge la flauta con la mano izquierda y da tres latigazos al compañero de al lado, mientras éste toca la flauta con mucho vigor, sobre el vientre y los costados hasta que brota la sangre.

Foto 135: Pinturas faciales de Tukános del Tiquié. P. 254

Los Tukano del lago Urubú se depilaban las axilas y el pubis. Había un joven de unos 18 años que siempre llevaba collares de cuentas y pedacitos de cáscaras negras y relucientes de tacumá; más abajo, a la altura de la cintura, le colgaban adornos de plata; se pintaba la cara con diseños rojos y tocaba una flauta de hueso de ciervo; a lado y lado de la cuerda que se ataba a las cadera, se colgaba una rama verde. […] Las varitas que los muchachos usaban como pinceles para pintarse varias veces al día, las llamaban nomiká y eran delgadas varitas con fibras de carauá envueltas en uno de los extremos. “La pintura de carayurú que los indios tukáno llaman eroyá o enoyá, se conserva en trocitos y se guarda en pequeñas bolsas de corteza roja o en calabazas redondas (Foto 137). Tienen también una especie de tubos para guardar el color; los fabrican de cáscaras negras de palma y con frecuencia los decoran con dibujos. Estos tubos tienen en un extremo un orificio casi totalmente cubierto con cera, que apenas permite sacar una pequeña cantidad de pintura (Foto 138). Para pintarse ponen un trocito de color sobre la rodilla, el muslo o el pie, lo trituran y le pasan por encima el palillo, previamente humedecido con saliva. Los grupos del Tiquié utilizan tres palillos amarrados como pincel para decorarse el cuerpo con el zumo del genipápo, tal como lo hacían los indios del Aiary; tienen además unos sellos cilíndricos, hechos de madera muy liviana y grabados con diferentes diseños (Foto 139).

Foto 136: Pinturas faciales de Tukános del Tiquié. P. 255

Se hizo una danza improvisada; los bailarines se pintaron las caras solamente con rojo y se amarraron ramas verdes (que los tukanos llaman barás) a la cadera. P. 262

Foto 137: Bolsa de corteza y calabaza para pintura. P. 258

Foto 138: Tubo para pintura- - - - - - - - - - - - - - - - - - - Foto 139: Pintadera. P. 278

Foto 153: Mujer tuyuka pintada. P. 278

El jefe tukano de Pary tenía dos mujeres: una tuyuka y la otra tariana. Llegaron con un grupo de regreso de una celebración de danzas de los bará, por lo cual tenían los rostros pintados de rojo y algunos todavía tenían huellas de genipápo en el cuerpo. P. 278

Lámina IX: Tuyuka con vestido ceremonial completo. P. 287

Hacia el atardecer, unos ancianos comenzaron a ataviar a los hombres que iban a participar en las danzas; es un procedimiento muy dispendioso que toma cuando menos una hora. Para proteger el adorno de plumas y evitar que se entrape de sudor, se le coloca al danzarín una angosta a banda de fibra de corteza alrededor de la frente, dejando que parte del cabello salga por debajo de ella; encima de esta banda se coloca la maravillosa kangatára, una ancha diadema adornada con brillantes plumitas amarillas y rojas de aracánga (Psittacus macao, arara rojo) enmarcadas por plumón blanco de buitre urubitinga (Cathartes spec.). En la parte posterior de la cabeza se le coloca un adorno más alto que consiste en una ancha peineta de finas plumas de garza, sobre una larga pluma roja de arara colocada horizontalmente, de cuyo centro colgaba una pluma blanca. El cañón de la pluma de arara, fortalecido por una astilla de hueso, estaba envuelto en plumas de loro y metido en un rodete de cáscara de calabaza o en una base circular hecha de caparazón de armadillo. De las perforaciones de los lóbulos de las orejas le colgaban cartuchos de lata provenientes de los Winchester, que sonaban con los movimientos de la danza. Detrás de las orejas tenían plumas blancas colocadas hacia adelante. El cuello y el tórax se adornaban con abundantes ornamentos de plata y con el precioso cilindro de cuarzo. El cabello se recogía en la nuca, en forma de moño, y de ahí caía una trenza artificial, colgada del pelo, y sostenida por un pecíolo de hoja de plátano y cubierta de largas trenzas de pelo de mico. Sobre el lugar donde va añadida la trenza, se amarra un hueso de jaguar en sentido horizontal para sostener los gadejos de pelo de mico y los cueros con plumas blancas de garza que caen atrás. Cada bailarín lleva en la muñeca una borla hecha con cordones trenzados en pelo de mico y adornados con penachos de colores amarrados a negras y brillantes cáscaras de fruta tucumá adornadas con grabados. De algunos penachos colgaban élitros de escarabajos brupresti, que al golpearse unos con otros, producían sonidos metálicos y además daban mayor vida al adorno por su coloración verde rojiza. Por debajo de las rodillas les ataban finas bandas artísticamente tejidas con delgadas fibras de curauá, decoradas con hermosos diseños de meandros en sepia y adornados con penachos. Además, les colocaban cinturones de sartas de dientes de jaguar o jabalí, con un largo taparrabo en la parte de adelante, unas veces decorado en rojo y otras en azul sobre el fondo de fibra blanca.

Foto 167: Diademas de pumas blancas de garza. P. 290

Foto 169: Bandas rodilleras. P. 292

Los múltiples penachos están amarrados a varitas de junco entrelazadas con fibra de palma, cabello humano y pelo de mico. A veces cuelgan, por la parte posterior, una variedad de pequeñas plumas. Las varitas de palma en la parte superior e inferior le dan firmeza al adorno. Se fija sobre el pelo con la ayuda de un alfiler de madera de paxiúba que va atado a dos cordones de corteza.

Vino después otra danza de los tukano, quienes salieron para que sus mujeres los ataviaran. “Llevaban solamente sencillos adornos de plumas hechos sobre aros trenzados alrededor de la cabeza y peinetas altas con penachos, y un adorno que les caía por la espalda sujeto al cabello. La coronilla iba cubierta con una especie de gorra de plumón de pato que se sostenía en su lugar con una pasta de ceniza de palo. Con excepción de los preciosos cinturones de dientes y los taparrabos decorados, sus atuendos eran muy parecidos a los de los tuyúka. En lugar de los sonajeros que éstos llevaban en la mano derecha, los tukáno tenían sonajeros en el tobillo derecho. En la mano derecha llevaban un largo bastón que los bailarines delanteros reemplazaban por una maraca. Algunos llevaban ramos de hojas perfumadas de bará debajo del cordón que les ceñía las caderas.

“También ellos bailaron en semicírculo con dos primeros bailarines en el centro. Primero se presentaron en la plaza del poblado y después en la maloka con danzas de pasos rápidos como las de los tuyúka. El compás marcado por los primeros bailarines con sus sonajeros fue repetido por los demás con golpes de los bastones contra el suelo. También aquí las mujeres participaron de igual manera un rato en el baile. Pero pronto se hicieron a un lado de los hombres y bailaron fuera del círculo dando dos pasos hacia adelante y otros dos hacia atrás, colocando una vez la mano derecha y otra la izquierda sobre el hombro de sus compañeros, que a su vez las tomaron por la cadera izquierda con su brazo derecho. La danza terminó con gritos de aplauso por parte de los tuyúka que ahora estaban de espectadores”. P. 297

Al terminar, los adornos de plumas se amarraron y guardaron. Unos se ataron a bastones de mando clavados en el suelo y otros se extendieron sobre un cedazo volteado. Algunos mayores los contaron para ver si estaban completos y guardaron los adornos de plumas y pelos y los taparrabos tejidos de corteza en cajas largas de hoja de palma y envueltas en tela de corteza. En un talego de corteza roja guardaron los cinturones de dientes, los sonajeros y las maracas de calabaza. P. 300-301

Lámina X: Tuyúka adornado para una fiesta. P. 317

Foto 204: Tuyúka pintado con genipápo. P. 322

Llegó un anciano Omoa-maxsá que tenía enormes perforaciones en los lóbulos de las orejas, en los que habitualmente llevaba dos trocitos de caña flecha, que para la fiestas reemplazaba por dos penachos de plumas. P. 324

Entre los tuyúka y en toda la región del Caiary-Uaupés es común la perforación de los lóbulos de las orejas. Algunos ancianos siguen llevando pequeños palillos o cañas, pero los jóvenes gustas de las argollas europeas de latón. Ha desaparecido casi por completo la costumbre de perforar el labio inferior, para colocar en él palillos más o menos largos. Una mujer tenía perforado el tabique nasal. La mayor parte de los tuyúka se rasuran las axilas. Pero sólo las mujeres se depilan el pubis. Los tukáno y los grupos del Caiary-Uaupés se decoran los brazos con cicatrices de forma circular que se hacen con tizón encendido, a veces hasta 18 en un brazo; es probable que sea señal de virilidad, porque solamente las usan los adolescentes y los adultos. P. 325

Atavíos para la danza: ancha diadema de finas plumas de garza con adorno dorsal hecho con fémur de jaguar con cuerdas de pelo de mico y pellejo de garza; adornos de plumas naranjas de arara para la cabeza; penachos de plumas para los brazos; varitas completamente recubiertas de plumón de buitre urubutinga con penacho multicolor en el extremo superior, que se colocan verticalmente en la parte de atrás de los adornos de plumas para la cabeza; cinturones de dientes de jaguar y jabalí; cascabeles de sartas de cáscaras de semilla para las muñecas y los tobillos. P. 327

Traje de máscaras: vestido largo de tela de corteza, que llega hasta los pies y se amarra en la cintura; camisón cerrado hecho de tela de corteza roja, de manga larga y una abertura superior para sacar la cabeza; encima se coloca un capuchón con dos huecos para los ojos; cilindros huecos de madera de ambaúva, con decoraciones en rojo y amarillo y con una cara con dos huecos cuadrados a lado y lado en los que se metían unas tablillas pintadas con rojo a manera de orejas. Se dijo que representaban demonios. P. 327-328

En una maloka bará había un anciano con su larga cabellera partida por la mitad; la trenza que caía estaba completamente enrollada con una tira de corteza amarilla. “Las máscaras de danza reproducen, casi sin excepción, una trenza tejida de fibras”. Éste parece ser el peinado más corriente en épocas pasadas en la región del Caiary-Uaupés. P. 329

Foto 211: Anciano tuyúka con trenza. P. 329

Las mujeres bará van desnudas y se depilan el vello púbico.

Foto 220: Yepália, joven tuyúka pintada. P. 342

Foto 221: Pintura corporal tukáno, con genipápo. P. 343

Los jóvenes recibieron azotes como parte de la iniciación. Agachados, se agarraban con las dos manos del asta de una larga lanza con punta de hierro clavada en el suelo. Un hombre de extraordinaria fuerza daba a cada uno tres azotes lacerantes con una vara flexible a la que se habían cortado las ramas dejando como muñones afilados; los golpes daban en las pantorrillas y en el abdomen y abrían heridas en la piel. P. 347

Theodor Koch-Grünberg: “Dos años entre los indios”, vol. II, Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1995.

Los tarianos y otros grupos del medio Caiary tenían disfraces para las fiestas de Yurupary; cada grupo tenía dos, hechos con pelos de mono. Se guardaban con miedo y ocultos de las mujeres. P. 19

En el río Teyé había muchos makú con grandes arcos y flechas. “Se ataban el miembro a la mitad del cordón de las caderas, de manera que los testículos quedaban colgando a ambos lados”. P. 21

Lámina II: Hianákoto-umaúa-kauánamu. Río Makaya. P. 31

Los karihóna se perforan las paredes nasales, el labio inferior y los lóbulos de las orejas para colocarse pedazos de caña y plumas para los bailes. Los hombres se enrollaban anchas bandas tejidas alrededor del cuerpo que los obligaban a mantener el cuerpo erguido. P. 24

Lámina III: Máscaras kobéua de Yaguar-yaui
y Gigante Palutxicó. P. 53

En el gran Dabukury, los jóvenes reciben azotes, en especial en el abdomen; en los 5 meses siguientes no pueden comer carne, pescado ni capsicum, solamente alimentos ligeros: mandioca, hormigas, larvas de cucarrón, etc. Los adultos no son azotados, pero los miembros de la liga masculina se azotan entre sí. En Matapy bailaron con una máscara de demonio: Kohäkö. P. 61

Foto 31: Máscaras de Matapy: Urutú y demonio. P. 65

“Los desána son el único grupo del Caiary que utiliza tatuajes tribales. Se lo hacen con una espina de palmera y consisten en dos líneas azules, paralelas, que van desde el labio inferior hasta el mentón. Ambos sexos usan el mismo tatuaje. El labio inferior se perfora. Entre los desana del Tiquié no observé este emblema tribal. P. 62

Foto 53: Bahúna “semítico”, Cuduiary, con hojas bará
de buen olor pendientes del cordón de las caderas. P. 91

Los kobéua organizaron una fiesta de disfraces hechos por ellos mismos; los desana y los uanána no conocen este arte. Participaron cinco máscaras, una de ella de urubú, gallinazo negro. En cada manga colgaba un trapo cuadrado pintado con colores; según me dijeron, eran las alas. P. 63

Los umáua habían comido hombres. Celebraban con los prisioneros una fiesta de kaschirí y luego los degollaban. Karihona era el nombre que los colombianos les daban. P. 67

Las mujeres de aquí eran kobéua, pequeñas, de cuerpos toscos y rostros feos, narices chatas y labios gruesos. Algunas tenían la cara feamente embadurnada de rojo. P. 68

Muchos hombres y mujeres kobéua llevan alrededor de las piernas bandas amarillas para las rodillas, hechas con fibra de curauá y pintadas con barro amarillo. P. 77

Algunos hombres tenían en los brazos cicatrices, redondas y marcadas con fuego, como las del Tiquié. P. 82

Los coroa-tapuyo del Cuduiary mezclan el carayurú con jugo pegajoso del árbol caranya para pintar con puntos a las mujeres y los niños como una prevención contra las enfermedades. Este jugo no sirve para las máscaras por ser muy espeso; en su lugar se usa la leche blanca del árbol Spatha fibrosa Manicariae, del que se saca la corteza tururí. P. 85

El kashirí se acabo al anochecer; para indicarlo, el anfitrión se bañó en el río y se borró la pintura de fiesta de la cara. P. 94

Lámina IV: Danza fálica kobéua, río Cuduiary. P. 96

En el Igarapé encontramos antiguos makú, que ahora eran mira (gente, hombres) y hablaban kobéua. Los hombres vestían sólo la banda de corteza; las mujeres iban desnudas o con faldita de corteza, se rasuraban el vello púbico y tenían el pelo largo, suelto y partido a la mitad. El liso cabello masculino se cortaba a la mitad de la frente y en la nuca en forma horizontal. P. 100

“El traje de los hombres hianákoto consta de una banda de corteza de árbol, de 35 cm de ancho, que se enrolla con fuerza alrededor del tronco, una especie de cinturón, o mejor dicho una banda para el estómago, que ellos llaman hono. Sobre esta rígida banda, que llega hasta debajo de los brazos, se colocan bandas, más suaves, que llevan en su mayoría figuras características y ornamentos en color rojo de resina y que se atan sobre el pecho. El pene se coloca arriba, debajo del cinturón y se asegura al cuerpo por medio del cordón de las caderas. Estas bandas nunca se cambian, hasta que se acaban por sí mismas y hay que reemplazarlas por otras nuevas. En los hombres, el cabello se corta en forma redonda alrededor de la cabeza. Las mujeres andan totalmente desnudas y llevan la cabellera bien corta, pero al contrario de los grupos del Uaupés, no se rasuran el vello púbico. Los hombres y las mujeres se perforan los lóbulos de las orejas y el tabique de la nariz y llevan canutillos, y en las fiestas huesos de pájaros adornados con plumas.

“Todavía en el tiempo de Crevaux, los carijona se consideraban caníbales, y los kobéua me aseguraron repetidamente que los umáua no habían abandonado, sus costumbres caníbales”. P. 111

Los umáua hacían nuevas fajas de corteza; en cuclillas las pintaban con un fino palito como pincel, con pintura roja de urucú mezclada con leche pegajosa de tururí, un árbol. Los colores se mantenían en una hoja de banano doblada (foto 62).

Foto 62: Umáua pintan sus cinturones. P. 118

Los dibujos representaban en parte las almas de los chamanes y tenían parecido con animales (peces culebras), partes de animales (espinas de pescado, patas de hormiga), utensilios (hachas de piedra). Cuando uno terminaba, otro le colocaba el ancho cinturón y se lo aseguraba al pecho con las vendas más suaves; después se acostaba y el otro lo pisaba con suavidad para que el cinturón se ajustara a la forma del cuerpo. El colgandejo de fibras finas pintadas de rojo se ponía entre las alforzas del cinturón enrollado (foto 63). Pero los umáua no tienen disfraces. P. 117-119

Foto 63: Cinturones de fibras de corteza pintadas. P. 118

Para la danza, los umáua utilizan triángulos metálicos hechos con monedas martilladas, pero no los llevan como collares (así hacen los indios del Uaupés), sino en los lóbulos perforados, por lo cual se llaman adorno de orejas, hanadzämälu. P. 119

Foto 82: Bahúna con la cara pintada. Cuduiary. P. 135

Las madres kobéua pintan al niño con el rojo urucú por adorno, y el rojo púrpura del carayurú contra el mal catarro y otras enfermedades. P. 143

“Cuando muere un kobéua, en la noche siguiente los hombres se acurrucan a un lado de la hamaca en que yace el difunto y las mujeres al otro, y se dedican al lamento fúnebre. A la mañana siguiente el difunto se entierra en su canoa en medio de la maloka (de la misma manera que a orillas del Aiary). Se le coloca su adorno de plumas sobre el pecho y se entierra con él. Sobre la tumba tapada se colocan su arco y sus flechas, sus redes de pescar y demás utensilios. Encima de la tumba de una mujer se queman sus canastos y cedazos, se rompen sus ollas y los tiestos se esparcen en la selva. Esto tiene por objeto que no quede nada de las pertenencias del difunto y el alma no se vea forzada a regresar a reclamar su propiedad y a castigar a los deudos por su descuido y codicia.

“Hasta tanto el cadáver no repose en la tierra, los deudos tienen prohibición de comer cualquier cosa. Con un baño se termina el ayuno.

“Los deudos practican en voz alta el lamento fúnebre ceremonioso ante el sepulcro durante cinco días, por las mañanas, al mediodía y por las tardes. También lo repiten ocasionalmente más tarde.

“Inmediatamente después del entierro se confeccionan máscaras y se prepara un gran kaschirí. En el noveno día tiene lugar el festejo fúnebre en honor del difunto. Se separa la maloka con cercas de parí. Las mujeres y los niños permanecen en la mitad de atrás. En la mitad delantera, los hombres llevan a cabo al principio un baile de yurupary, durante el cual hacen uso de dos trompetas especialmente gigantescas, que se llaman umänahöko (sirena). No se usan latigazos. Después de esto se quita la cerca de parí y, en compañía de las mujeres y los niños, comienzan bailes de máscaras acompañados por lamentos fúnebres renovados, que duran hasta el día siguiente”. P. 144-145

Un endocanibalismo fue narrado por un tuschaua: “Quince años después del entierro se sacan los restos del antepasado, con excepción del cráneo, y se queman en un gran fuego delante de la maloka. Los huesos carbonizados se recogen cuidadosamente y se echan en una olla colocada al fuego, el cual se mantiene prendido durante todo un mes, de día y de noche, hasta que los huesos se conviertan en cenizas. Esta harina de los huesos se suaviza aún más, triturándola en el pilón. Durante el festejo fúnebre, al cual asiste mucha gente, se coloca en el centro de la maloka una olla grande con kaschirí, que sólo ha sido preparado con maíz y es sumamente espeso y fuerte. A esta bebida del festejo se le agrega la harina de los huesos pasada por un cedazo muy fino. El jefe rebulle la bebida con un palo y luego la ofrece en una calabaza grande, primero a cada uno de los hombres sentados alrededor de la olla, pero sólo a los ancianos y a los padres de familia que ya tengan tres hijos. Luego procede de la misma manera con las mujeres, pero igualmente sólo ofrece la bebida a las ancianas y a las madres de tres hijos.

Foto 89: Danza funeraria kobéua. Cuduiary. P. 147

“Durante esta fiesta se lleva a cabo una danza especial, además de las danzas de máscaras acostumbradas. Los participantes llevan largas tiras de corteza amarilla, que caen desde el cuello y mazas adornadas con fibras de corteza, bajo el brazo izquierdo En la mano derecha sostienen tubos sencillos de madera de ambaúva, a los que están atadas figuras de peces de madera (Foto 89). Caminan hacia adelante y hacia atrás, pateando simultáneamente con el pie derecho; hacen resonar sus instrumentos con tonos sordos y cantan: "pira - kadya - pira - kadya", etc.

“El origen de esta extraña costumbre, que se presenta igualmente entre otros grupos del trópico de Suramérica, podemos hallarlo en la creencia de que los huesos, como únicos residuos que se mantienen intactos después de la descomposición del cuerpo, son el real y último lugar en que reside el alma. Incapaz de separar lo corporal de lo espiritual, el hombre primitivo participa en esta forma, que es evidente, del espíritu y el ser de sus antepasados, que son para él la representación de las mejores cualidades”. P. 145-146

“La creencia en la transmisión inmediata de ciertas cualidades y facultades del animal al hombre, que se encuentra expresada también en las prescripciones para los alimentos que deben ser ingeridos antes y después del alumbramiento, la hallamos en la siguiente costumbre de los kobéua: hay un pequeño halcón de pico rojo, que se encuentra especialmente en los sembrados y que tiene una vista tan penetrante que podría distinguir un gusano en la tierra desde una altura considerable. Cuando un kobéua mata a uno de estos pájaros, le punza los ojos y deja caer el líquido que contienen dentro de los suyos, para poder ver con más agudeza durante la cacería”. P. 146

Un chamán que al llegar a la vejez tenga dificultades para caminar, se convierte en jaguar y, convertido en tal, va a veces a la selva para matar y devorar venados, agutí y otros animales e, incluso, humanos. Al regresar a la maloka se hace otra vez hombre. “La piel de jaguar la oculta en el rincón en donde duerme, encima de su hamaca, debajo de las varas del tejado”. Si muere, “su piel de jaguar se entierra con él”. Y su alma sigue vagando por la selva como un “jaguar muy malo”. P. 147

“Kúai, que representa el héroe principal de la cultura y el demonio principal de la fertilidad, dentro de los grupos aruak, es considerado entre los kobéua como el inventor y maestro de las herramientas y costumbres que tengan relación con el cultivo del campo, así como se le considera estrechamente vinculado con todo lo referente a crecimiento y fertilidad de todo lo que se halla en la naturaleza. También tiene vinculación con las máscaras y danzas de máscaras; un ejemplo patente de que las danzas de máscaras originalmente no son típicas de los kobéua, sino que en este caso los aruak fueron sus maestros.

“En época muy remota, así cuenta la tradición, los kobéua, lo mismo que los demás grupos del Caiary-Uaupés, bailaban sólo con kangatáras, en la Cachoeira Taiasú, la antigua patria del grupo de los kobéua. En ese entonces aún no conocían las máscaras. Kúai fue quien fabricó la primera máscara, y quien primero bailó con sus hermanos usando máscaras. Él le enseñó luego este arte a sus hijos, los kobéua. La primera fiesta con danzas de máscaras tuvo lugar en Uaracapury; la segunda en Murucutútu. Luego se desplazaron a Taku, la Tururí-uitéra, el más allá de las almas de las máscaras, en la desembocadura del Tl-Igarapé, y allí organizaron la tercera fiesta de danzas de máscaras. Después de terminada esta fiesta, cada uno regresaba a su casa: Kúai a su gran casa de piedra Kúaikolami, situada sobre un alto monte en los campos del alto Carurú-Igarapé. Hománihiko a su gran casa de piedra, Hománihiko-Iami, sobre una alta montaña, a orillas del Querary, "no lejos de Namocolíba"; Mianíko tóibo, a su gran casa de piedra Makolami, sobre la montaña del mismo nombre, arriba de la desembocadura del Cuduiary. En tiempos remotos Kúai y Hománihiko vivían en la tierra, en sus casas de piedra, y también danzaban allí con máscaras. Más tarde se fueron ambos al cielo, donde están todavía hoy en día y bailan con máscaras. ¡Pero Mianíko tóibo vive todavía ahora con su mujer Wánio en su bella y espaciosa casa de piedra Makolami (casa arara), como señor de todas las almas de los kobéua, que llegan donde él después de la muerte, y como señor de todos los arara! Él tiene allí muchos, muchos arara y es "arara-iara arara-páya" (señor de los arara, padre de los arara)”. P. 156-157

“Los kobéua también tienen danzas de animales, sin máscaras, en las cuales hacen uso de pájaros, peces y lagartijas. Las figuras de pájaros las tallan, por regla general, en madera muy liviana, molongó, o tiznadas levemente, o pintadas con diseños de colores, pegándoles plumaje blanco y picados con plumitas. Estas figuras representan colibríes, pequeñas golondrinas, buitres caracara-í, paloma, urubú y otros pájaros, y cuelgan de dos cuerdas, igualmente recubiertas de plumaje, que están aseguradas con bastoncitos. Dos bailarines se abrazan con uno de los brazos y sostienen en la otra mano, o apretado debajo del brazo, un bastón, de manera que la figura queda colgando delante de ellos (Fotos 97 y 98).

Foto 97: Baile con colibrí

Foto 98: Baile con lagartija

De la misma manera se baila con figuras de pescados en madera pintada, pirandira, aracú y otros. La figura de la pequeña golondrina se amarra a un bastón. Cada uno de los bailarines sostiene uno de estos bastones en la mano. También las figuras de lagartijas, fabricadas en corteza y recubiertas con plumaje, las cuales a veces tienen bien resaltadas los órganos sexuales, se llevan durante la danza en cuerdas, pero sin bastoncitos”. P. 159-160

“En otras danzas, los participantes llevan sobre la cabeza sombreros adornados con plumas de colores y elaborados con bastoncitos y sipó, a veces amarrados con hebras de mirití (Foto 99), los cuales ocultan la mayor parte de la cara. En la mano sostienen la maraca de calabaza, con la que llevan el compás (Foto 100). Cuando estos sombreros no están en uso, los atan y los cuelgan del alero de la, casa, lo mismo que hacen con los cestos y cedazos”. P. 160

Los káua del Alto Aiary trajeron sus máscaras del Querary y son semejantes a las de los kobéua.

Foto 100: Danzas con sombrero: kobéua y koróa. P. 159

Se fabrican lo mismo que en el Aiary: “trozos sin ramas, de espesor mediano, del tronco de un árbol de follaje al que los kobéua llaman uahomo, son despojados con un cuchillo de su corteza exterior. La corteza blanca que queda debajo de ésta se golpea con un mazo de madera con muescas, hasta que se pueda desprender fácilmente de la madera”. Luego, se lava bien y se extiende a lo ancho, con mucho cuidado, para que no se rompa. La forma se le da cosiéndola sobre una baqueta curva con agujas de hueso de mono e hilos de curáua; así el cuerpo de la máscara no se aprieta al colgarla. Las máscaras se pintan bien, depositándolas sobre una reja de palitos de yupatí cubierta con hojas de banano o sobre una estera de hojas de caraná. Para trazar las líneas se utilizan tallos de hojas de mirití o bacába, limpios y partidos por la mitad. “Las tiras amarillas de corteza de la colgadura, que deben ocultar en parte las piernas del danzarín, se anudan con un sipó, que después se cose al borde inferior del cuerpo de la máscara. Esta corteza amarilla, que los kobéua llaman du, se obtiene de otro árbol y se desprende del tronco al que está fuertemente adherida, golpeándolo con un madero. Las distintas tiras se desprenden fácilmente del tapiz de corteza gruesa y de fibras largas. Las mangas, de una corteza fuerte y roja que en kobéua se llama taro, se meten por huecos a los lados del cuerpo de la máscara y se aseguran allí a un anillo de sipó, sobre el cual está cosido el borde de éstas”. La máscara terminada se takaha. Si no se ve a través de la porosa tela de corteza, se le hace huecos para mirar. “Para la danza, los cuerpos de las máscaras se cubren con plumón blanco de pato. También el largo de las colgaduras en el cuerpo de la máscara varía según la significación de la misma. La elaboración de las máscaras dura, incluyendo la consecución de todos los materiales, de 10 a 12 días”.

Foto 102 c: Costura del anillo de sipó. P. 163

Hay máscaras en forma de juguetes, hechas con mazorcas, para que se aprenda a conocer su significado y el de las danzas. Son en todo semejantes a las grandes. P. 161

“La danza con máscaras dura hasta la mañana siguiente. Entonces las máscaras se colocan en bastones en la explanada del pueblo, se amarran de las mangas por medio de las colgaduras de corteza y se incendian. La larga hilera arde bajo los gritos de todo el grupo de duelo. Sólo se guardan algunas pocas máscaras que se transforman en sacos, en los cuales se guardan calabazas y otros utensilios. Por este motivo es muy difícil encontrar vestidos intactos con máscaras en las malokas de los kobéua; para cada fiesta de muerto hay que fabricarlas de nuevo. También los káua del Aiary amarran de las mangas, al final de la fiesta, todas las máscaras, que se han colocado en hilera sobre bastones. En aquel entonces no me pude explicar el porqué de esta costumbre. Se atenían exactamente a ella, pero no quemaban las máscaras, ya que logré comprar algunas”. P. 164

“El demonio está en la máscara, encarnado en ella; para el indio la máscara es el demonio. Cuando yo preguntaba a los kobéua sobre la significación de tal o cual máscara, siempre decían: ‘Ésta es la mariposa, el pez aracú, el makuko, etc., y nunca: ‘Ésta es la máscara de la mariposa, del pez aracú, del makuko […] El demonio de la máscara se transfiere al bailarín que se disfraza con ella. A la mañana siguiente, a la salida de la fiesta de los muertos, cuando las máscaras ya han ardido, los demonios abandonan su pasajero lugar de estadía y se dirigen a Táku, el más allá de las máscaras, o a su vivienda, situada en otra montaña en un rápido.

“Debemos ver una muestra de decadencia en el hecho de guardar algunas máscaras o de transformarlas en sacos”. P. 165

“Además de demonios con figura humana, gigantes y enanos, aparecen gran cantidad de animales: el jaguar, el venado y el perezoso, diferentes clases de pájaros y peces, la serpiente venenosa, libélula, sapos y ranas, la yararáca, mariposas, cucarrones y otros insectos, arañas, orugas y larvas de cucarrón. A mi pregunta de por qué el tapir, el cerdo-taiasú y otros animales de caza no tenían máscaras, me dieron esta respuesta poco satisfactoria: ‘Porque no tienen piel de color’.

“El carácter demoníaco de las máscaras se expresa ya en el hecho de que muchas máscaras de animales tienen un rostro humano y una trenza de corteza de árbol retorcida, que recuerda el antiguo peinado de los hombres kobéua. También ‘la vivienda’ de muchos de estos animales está en aguda oposición a su forma de vida natural”. Los hombres son los únicos que bailan con máscaras; mujeres y niños solamente presencian. “Todos los señores de las máscaras son demonios”, dicen los kobéua. P. 168

Foto 106: Máscara del demonio Iyaimi.
Kaúa. Aiary. P. 168

Los hay malos y peligrosos como: Makuko, un hombre pequeño de barba poblada, que mata a la gente con cerbatanas y flechitas envenenadas. Su máscara es más pequeña que las otras; tiene una mujer; los gigantes Kohako; el gigante Hailako; Palutxico; demonio el árbol; gran mariposa azul; chinche de hoja; araña pajarera; lechuza; jaguar; serpiente yararaca; gran pájaro de rapiña. P. 170-178

Foto 109: Danza káua de mariposas P. 171

Otros demonios son buenos o inofensivos; tales: el ciervo, un buen chamán que vive en la montaña; el papagayo; la araña doméstica; escarabajo pelotero; buitre negro urubú, que vive en los árboles altos; el pez aracú y el aracú de boca roja; libélula; larva de cucarrón, que no tiene pintadas ni boca ni ojos; el perezoso y otros. P. 178-180

“Los espíritus de las máscaras [de la danza fálica] se conciben como demonios de la fertilidad, que se escenifican a través de la mímica, ejerciendo el acto sexual para exigir así crecimiento, existencia y fructificación en toda la naturaleza encarnada en ellos.

“Ya escribí en el primer volumen sobre el significado de las danzas con máscaras en general. La idea de un efecto mágico subyace a todas estas representaciones mímicas. El bailarín procura imitar de la manera más exacta posible los movimientos y acciones del ser que busca representar, y al hacerlo se identifica con ellos. La fuerza secreta que habita en la máscara se traspasa al danzarín, lo convierte en un demonio poderoso y lo habilita para ahuyentar demonios o para actuar favorablemente. En especial los demonios del crecimiento, los espíritus de animales que intervienen en éste y los espíritus de animales de la caza y de la pesca deben ser cautivados a través de acciones mágicas en el ámbito del poder del hombre”. P. 185

Los diseños que las técnicas de cestería dan a los indios también se emplean en los recipientes de cerámica, en la pintura corporal, en dibujar o tallar las paredes y pilares de las casas, en las armas, los utensilios domésticos y de baile. P. 221

“Las hojas del bejuco carayurú se secan lentamente y se colocan en tinas o en grandes ollas, entre agua, en donde se empiezan a fermentar después de dos o tres días y depositan un polvo fino, de color rojo oscuro. Este colorante se lava varias veces con agua fresca, se seca al sol y se guarda en tubos de cáscara de frutas de palma, en pequeñas calabazas, cajitas de hojas de palma y saquitos de corteza de tururí. Los saquitos se envuelven a veces en hojas de ambaúva, ya que el fino polvo se sale fácilmente por la corteza porosa.

“Las semillas de urucú que contienen una cápsula suavemente espinosa, similar a los hayucos, están recubiertas de un colorante amarillo-rojizo que se puede quitar fresco de la planta, y al mezclarse con saliva, aceite o leche pegajosa de árbol, se puede utilizar para pintar. Se guarda también seco en pequeñas cantidades. En cada maloka se encuentran sembrados arbustos de urucú con flores rojas o blancas”. P. 225

“Dos makakaraua muy antiguas, piezas etnográficas de gran valor, y disfraces utilizados por los tariána, uanána y otros grupos del Caiary en las grandes fiestas de Yurupary. Son curiosas capuchas, cosidas con pelos marrones de mono y entretejidas con cabello humano, que se les corta a las muchachas en la primera menstruación, claro indicio de la relación de estas fiestas con la pubertad. Tienen agujeros que sirven para meter los brazos y para los ojos y la boca. Un largo remate de dos hilos de tucum cubre las piernas de los danzarines (Foto 174). La punta de la capucha se adorna en la fiesta con un collar de plumas y un colgante hecho con la piel de un pequeño mamífero agutipurú (Echinomys spec.), entre otros.

Foto 174: Makakaráuas. P. 240

“El jefe llamó ‘hombre’ a la máscara más grande y ‘mujer’ a la más pequeña. Siempre entran en parejas y representan al demonio de la fiesta de Yurupary y a su mujer. Por regla general cada grupo posee solamente un par que el jefe mayor tiene bajo su cuidado y que presta a otras malokas durante las fiestas. Las fiestas en las que se danza con estas máscaras están unidas a severas flagelaciones de sus participantes”. P. 240-241

En el Igarapé encontramos dos viejos que tenían agujereado el labio inferior y con un hueco más grande los lóbulos de las orejas, en donde llevaban estaquillas de palma; el cabello era largo hasta los hombros. Uno lo había enrollado con tururí para hacer una trenza. P. 253-254

“El traje y los adornos son en estos tres grupos [Makúna, Yabahana y Opaina] muy parecidos. Los lóbulos de las orejas, el tabique de la nariz y el labio inferior están por lo general perforados y allí se ponen estaquillas de palma y ligeras varitas de madera.

“Los hombres yabahána y makúna llevan en la perforación de las narices palos delgados y lisos de madera negra de palma, de corte transversal cuadrangular, de un largo de 30 y más centímetros (Foto 184).

Lámina VIII. Makúna y Yabahana del Apaporis. P. 262

“Entre los grupos del bajo Apaporis, el traje característico de los hombres es un cinturón largo y ancho de corteza blanca de árbol, que se enrolla alrededor del estómago y se ata con un cinturón de corteza teñido de negro. Del cordón de la cadera pende un largo ‘delantal de la vergüenza’, de angostas tiras de corteza, una especie de tauarí hasta los pies. Por lo general, una pequeña parte de las tiras de corteza o, también a veces, cuando el hombre se quiere mover libremente, todo el manojo se pasa por entre las piernas y se asegura detrás, debajo del cordón de la cadera. Muchos utilizan debajo de este ‘delantal de la vergüenza’ el suspensorio que se usa en el Caiary de corteza roja de tururí, que cuelga libremente (Foto 185). En los antebrazos llevan bandas de tela de corteza de árbol, fuertemente amarradas. En las zonas de presión se forman con el tiempo marcas profundas; la piel es más delicada y clara que en el resto del cuerpo, se arruga con el aire y se desprende. Además de estas sencillas vendas de corteza, se utilizan con frecuencia pulseras de las semillas negras y brillantes de la palma tucumá y otras frutas. El cuello y el pecho se adornan con gruesos collares de dientes de animales, semillas negras, rojas y blancas, y cuentas de vidrio europeas. Largas cuerdas de cuentas se anudan alrededor de las muñecas. El cabello largo, suave y bien cuidado se divide por la mitad y se enrolla con una tira de corteza de árbol amarilla en forma de trenza, sin embargo este uso, que sólo observé en gente joven, parece estar desapareciendo paulatinamente en el bajo Apaporis.

Foto 184: Yabahana. Apaporis. P. 266

Foto 185: Falda masculina P. 267

Foto 202: Yuhúna con ligaduras. Apaporis. P. 278

“En la maloka makúna, los tres hermosos hijos del jefe le dedicaban gran atención al cuidado del cabello. Durante la noche dormían con el pelo suelto. Por la mañana temprano, después del baño, andaban por la casa hasta que el cabello se secaba, entonces se lo peinaban cuidadosamente y lo enrollaban con la tira de tururí. Por la tarde, hacia las dos, se repetía la escena. Después del baño nocturno, se peinaban de nuevo el cabello y se lo limpiaban de animales, labor que realizaba en la mayoría de los casos la resuelta y limpia madre. Ella les peinaba el cabello sobre un banco, cogía los piojos que caían con el dedo índice humedecido y se los comía con gran apetito. Por lo común las mujeres andan totalmente desnudas. En la maloka makúna sólo había una falda que pertenecía a la mujer del jefe”. P. 266-267

Muchos uitotos, como los kauyarí, llevan gruesas estaquillas en las orejas, de modo que a veces los lóbulos les caen hasta los hombros. Esta costumbre está desapareciendo. P. 284-285

Foto 210: Manduca-Matirí. Opaina. P. 286

Los miránya son altos, de piel oscura, con rostros altos y rudos, “desfigurados todavía por estaquillas o conchas en las aletas perforadas de la nariz. Esta curiosa decoración, que también utilizan algunas hordas uitóto […] parece estar en proceso de desaparición”. Sólo la tienen unos pocos individuos, mientras que antes estaba ampliamente difundida, en especial entre las mujeres, tan exagerada que “algunas tenían que poner los anillos de las aletas de la nariz boca abajo sobre las orejas para que no colgaran fláccidas” (Martius). Se perforan el tabique de la nariz. Ambos sexos llevan el pelo largo. Algunos hombres tienen las mismas cicatrices grabadas al fuego que los tuyuka. P. 287

Cuatro máscaras opaina eran semejantes a las del Dyí-Igarapé, pero mejor hechas. “Los remates de madera cilíndricos, cerca a las ‘orejas’, están confeccionados en una madera muy ligera y pintada en colores. La capucha y la chaqueta están hechas con tela roja de tururí, la larga colgadura está confeccionada en tiras amarillas de tauarí. Al final de la capucha, que se mete por un agujero cuadrangular del cilindro, se amarra un largo palo envuelto en tiras blancas de tururí, la ‘trenza’ que se asegura abajo en el anillo de la colgadura. Tiras de tauarí, teñidas de negro, atadas al final de esta trenza, representan el pelo. El danzarín agarra con ambas manos una parte de la colgadura, la levanta un poco y brinca de un lado a otro, lanzando el torso hacia adelante y hacia atrás y dando la vuelta con rapidez, de manera que la restante colgadura queda casi horizontal. Acompaña la danza con un canto salvaje. Según tengan ‘las orejas’ una forma redonda o cuadrangular, se emparejan las máscaras. Ellas representan demonios, hombre y mujer, los espíritus de la selva Bularu y Uadyáularu.

Foto 213: Danzantes con máscaras opaina. P. 291

“Las otras dos máscaras que obtuve son muy distintas de éstas. Sólo la chaqueta y la colgadura son las mismas. La cabeza está cubierta por una capa de tururí roja, a la cual se ha pegado en una de las máscaras un rostro humano gesticulante, elaborado en brea y pintado de colores. El extremo superior de la capa se ha enrollado con una tira de corteza amarilla para formar una trenza, de la cual sale ‘el cabello’ en tiras de tauarí teñidas de negro. Esta máscara representa también un demonio masculino, Nokolídyaua (Foto 214). La otra máscara del mismo tipo representa a la libélula y se llama por esto Uaíya entre los yahúna. Los ojos gruesos y redondos del insecto, pegotes de brea pintados de color, sobresalen fuertemente. Por encima se eleva el esbelto cuerpo, la larga punta de la capa de corteza, recubierta también con brea pintada de colores (Foto 215). Durante la demostración de una danza, el demonio camina de un lado a otro con un bastón dando grandes pasos y cantando. La libélula danzaba de la misma manera que las máscaras con los remates de madera o se acuclillaba tontamente en un butaco.

“Además de todos los grupos yahúna de arriba, todas estas máscaras se encuentran también entre los yukúna, matapy y kueretú”. P. 291

Foto 214: Máscara de brea opaina. P. 292

Foto 215: Máscara de libélula opaina

TANIMUKA

Elizabeth Reichel von Hildebrand: “La manufactura del budare entre la tribu Tanimuka (Amazonia, Colombia)”, En Revista Colombiana de Antropología, vol. XX, Bogotá, 1976, pp. 177-198.

La cerámica está asociada a Ñamatu, la Tierra, que fue la primera mujer. Ella ensayó los barros elaboró los recipientes y luego los repartió a las distintas tribus; es la dueña de las ollas y hay que pedirle permiso cada vez que se va a hacer una. El budare es el pecho de Ñamatu; las ollas grandes, los lados de sus piernas; las ollas pequeñas, su nalga y las maéokas, sus zancas. 181-182

“Antiguamente, la gente se cuidaba mucho del calor, las chagras tenían que ‘ser brujeadas’ por el shaman, para ‘arreglarlas’ brujeando la pinta de hoja Fejárica o wéea con que se pintan las mujeres la cabeza y el pelo o todo el cuerpo”. P. 186

Para quemar el budare, la dueña debe guardar dieta, no puede comer ni tomar agua, no se puede bañar y algunos dicen que debe tener abstinencia sexual total y debe amarrarse el pelo, pues de caer uno en el budare, éste se quebraría. P. 187

TUKANO

Luis Raúl Rodríguez Lamus: “La arquitectura de los Tukano”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. VII, Bogotá, 1958, pp. 251-269.

El niño, curumí, es iniciado en la pubertad con una ceremonia en la cual es flagelado. Cuando la mujer tiene su primera menstruación se le cortan los cabellos. P. 254

Marcos Fulop: “Aspectos de la cultura tukana: Cosmogonía”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. III, Bogotá, 1954. pp. 98–137.

Para fiestas especiales, como el Dabukurí, adornos de plumas de colores vistosos son usados por los hombres. Para estas fiestas tanto los hombres como las mujeres se pintan la cara, el cuerpo y las extremidades con carayurú, el cual es un pigmento obtenido por medio de la fermentación de las hojas de bignonia chica o por medio de la ebullición del agua en la cual dichas hojas han sido remojadas.

En la decoración de la piel por medio de pigmentos para las fiestas del Dabukurí es siempre la mujer la que le aplica la pintura al hombre, además de vestirlo con su indumentaria de plumas. Si el hombre es casado, es su única mujer o la mujer principal, en caso de que tenga varias, la que lo asiste. En caso de que sea un hombre soltero, cualquier mujer de la comunidad desempeña esta labor, y el hombre contrae con dicha mujer las mismas obligaciones y los mismos derechos que un compadre tiene hacia su comadre en la cultura criolla colombiana. Además de pintarse la piel para ocasiones tan apreciables como la fiesta del Dabukurí, la pintura cotidiana es frecuente. En este caso, la función del pigmento es simplemente estética o de protección del sol. En la decoración del cuerpo y de las extremidades se utilizan las pintaderas cilíndricas de madera que imprimen decoraciones geométricas.

Otra decoración utilizada por las mujeres y las niñas Tukana es el collar de cuentas de vidrio adquirido de los caucheros por medio de trueque, y también existen collares de dientes de mamíferos obtenidos como subproductos de la caza y collares de plata trabajados de las monedas que consiguen del criollo radicado en la región. P. 103

[...] A pesar de toda esta evidencia, un indio Tukano adulto actualmente no deja de pensar de acuerdo con los procesos mentales típicamente Tukano. Por ejemplo, Manuel Sierra, nuestro intérprete, a pesar de haber vivido cuatro años consecutivos con su mujer en el Departamento del Tolima, de la Colombia Central, y a pesar de haber salido del Vaupés a los 17 años de edad, todavía tiene la convicción de que el haber comido pescado después de nacido su hijo sin que un shamán Tukano haya “soplado” la comida con anterioridad fue la causa de la aparición de llagas en las piernas. P. 104

En el colegio enseñaban disciplina para el ejército y para todos los Tukano, como por ejemplo marchar y disparar, y esa disciplina es muy distinta. Disciplina significaba un güio grande. Encima de un güio y los civiles brincaban para tener valor, pues era muy peligroso brincar sobre un güio, pues el güio también mataba a la gente. Urémiri Sáraro también enseñaba Amonumiabasero, que significa que las muchachas que todavía eran vírgenes, para que se casaran, para que se embellezcan, y para eso él las soplaba. Él soplaba el agua y ellas tomaban el agua, también él las soplaba con humo de tabaco. […] De Diaojpekowí salió otro hombre que se llama Parisí, y su cargo era matar con oraciones a otras gentes que no fuesen Tukano. Y él enseñaba a los hombres de la maloca de Parisí cómo matar a otras gentes que no fuesen Tukano. Y Parisí sabía soplar pero las sopladas no eran para curar enfermedades sino para que los Parisí tuvieran muchos hijos e hijas. P. 107

En Diaojpekowí se quedó un hombre llamado Yepá Huáke [y] dio de beber a Yúpuri Báuro cashiri (Perú) (chicha de yuca), y le dio de fumar tabaco (manró) y le dio a comer coca (pató) y después lo hizo dormir. Cuando Yepá Huáke vio que Yúpuri Báuro estaba dormido, le sacó una costilla del lado izquierdo, después le sacó un hueso del muslo izquierdo, después le sacó un hueso del antebrazo izquierdo, después de todo esto, Yepá Huáke recogió un poco de tierra, y con todo esto, los huesos y la tierra, Yepá Huáke hizo una muñeca, sacó un tubo de flauta (Ueouí) y con su propio suspiro sopló a través del tubo de flauta en frente de la muñeca. Después de soplar, hizo despertar a la muñeca y a Yúpuri Báuro. Y la muñeca se volvió mujer, y esta mujer fue la hermana de Yúpuri Báuro, y ella se llamaba Yepára Dujuío. […] y apenas salieron ellos se les apareció un palo de caimo. Entonces Yepá Huáke se quitó su propio brazo izquierdo, y este brazo se volvió una persona, y esta persona se encaramó encima del palo de caimo. Entonces Yepá Huáke se sacó su propio dedo meñique del pie izquierdo. Y entonces el dedo meñique del pie izquierdo se convirtió en un güio. P. 110

Yepá Huáke dio orden para que marcharan todos los blancos, aquellos que no eran Tukano, o sea a Diaojpekodijtára. […] Y Yepá Huáke dijo que se bañe en Diaojpekodijtára aquel grupo que tuviere más fuerza […] y dijo que se bañaran los Tukano primero, y los Tukano no quisieron bañarse por miedo a las fieras que había en Diaojpekodijtára. Después mandó […] a los blancos para que se bañasen en Diaojpekodijtára. Y todos los blancos se bañaron sin tener miedo. Y de allí en adelante los Tukano quedaron bajo las órdenes de los blancos, pues por el maldito miedo a las fieras que había en Diaojpekodijtára los Tukano no se bañaron y los blancos ganaron. Y antes de bañarse en Diaojpekodijtára, los blancos eran del color de los Tukano, pero después de bañarse en Diaojpekodijtára se volvieron blancos. Los Tukano vieron que los blancos ya se estaban bañando, y entonces los Tukano se mojaron la palma de las manos, la cara y la planta de los pies, por eso es que todas estas partes del cuerpo de los Tukano, son blancas. P. 112

Salió Yúpuri Báuro de Diautikesererowí y se montó al barco del güio otra vez, y siguió subiendo, y llegó a Diamajarawí, y entró a esta maloca. Y allí cogió Yuruparí. Y de allí salió otra vez y se embarcó de nuevo y siguió subiendo el río y llegó a Diaurawí. Y en Diaurawí cogió U, que es una tortuga especial, para Yúpuri Báuro. Y salió de Diaurawí y se embarcó otra vez en el barco del güio, y ese barco del güio se llama en Tukano Pameriyekese. Y siguió subiendo el río y llegó a Diabajsirawí. Y de esa maloca sacó una cinta tejida pintada de todos los colores, y esa cinta era para amarrarse las rodillas, y todavía los Tukano se amarran las rodillas. P. 118

Después Yepá Huáke puso a Cajtá Casóro y a Cajtá un cinturón ancho y especial que en Tukano se llama Yaipirítatia, y este cinturón está hecho de dientes de fieras, como tigres y cerrillos. […] Después Yepá Huáke les puso a Cajtá Casóro y a Cajtá una yerba fina en el lado de las nalgas, y esa yerba fina se llama en Tukano, Bará. Después Yepá Huáke les puso a Cajtá Casóro y a Cajtá una cinta tejida, que en Tukano se llama Yujtásero, alrededor de sus rodillas. Después Yepá Huáke les dio a Cajtá Casóro y a Cajtá unos collarcitos para los tobillos, que en Tukano se llaman Kejtió. […] P. 123

MAKUNA

Luis Cayón: “En la búsqueda del orden cósmico: sobre el manejo de modelo ecológico tukano oriental del Vaupés”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. 37, Bogotá, 2001, pp. 234-267.

Según Reichel-Dolmatoff, los tukano piensan el cosmos como un sistema cerrado de energía que fluye constantemente entre naturaleza y cultura por medio de energías cromáticas; el blanco es el principio de la vida, derivado de la luz solar, el amarillo es lo masculino, el rojo es lo femenino y el negro, derivado de la luna, es la muerte. P. 236

MITO DE ORIGEN MAKUNA
“…El mundo fue creado por Romi Kumu (mujer chamán) identificada corporalmente con la tierra; ella habitaba en el raudal de la libertad juntos a los dioses masculinos Ayawa. Juntos calcularon cada porción de tierra para ubicar a los distintos grupos étnicos y cuando hicieron el territorio makuna sobró una pequeña parte de ella con la cual Romi Kumu fabricó un yuruparí llamado waiya beroa, el abejón del Pirá. Sin embargo él hacía parte de anaconda de yuca (Kirükü jino) quien era dueño de los animales, las frutas silvestres y todo lo que estaba en el mundo: era el yuruparí primordial. En cada época del ciclo anual cantaba, hacían sonidos que atraían a la gente y la invitaba a ver su cuerpo, a ver yuruparí. Imponía restricciones alimenticias que eran incumplidas, por lo cual la gente moría. Tiempo después algunas manifestaciones de los Ayawa hicieron dieta y recibieron algunos conocimientos chamanísticos. Luego decidieron asesinar a anaconda de yuca en venganza por la muerte de sus parientes. Lo mataron y quemaron su cuerpo; de sus cenizas nacieron dos palmas ñikoño que crecieron hasta el cielo. Un individuo convertido en ardilla ñisoka trepó y las cortó para que no crecieran más. Sus troncos se cortaron en partes con los que se fabricaron los instrumentos sagrados y como los Ayawa no sabían manejarlos, Romi Kumu se los llevó...” (Fragmento). P. 240

“Si la mujer chamán se identifica con la tierra sin accidentes geográficos, y la labor creadora de los dioses al tocar las flautas sagradas forma los cerros y demás hitos topográficos, el mito describe i. la creación del paisaje y el ordenamiento territorial del mundo y ii) la complementariedad de los sexos en la reproducción en la que yuruparí y menstruación representan las fuerzas de la procreación especificas para cada género, y los hombres controlan la reproducción de la selva y las mujeres reproducen al grupo y a los cultivos”. P. 241

“Durante el ritual, la parafernalia, los instrumentos, la maloca, los iniciados y los adultos representan la anaconda ancestro del clan. Los jóvenes renacen para la vida adulta como miembros de un grupo patrilineal después de tener contacto con los poderes espirituales de los ancestros y esto implica la vinculación espiritual con todas la posesiones del grupo de descendencia dentro de lo que se incluye el territorio.” (Citando a S. Huhg Jones. 1979. The Palm and the Pleiades: Initiation y Cosmology in Northwest Amazonia. Cambridge University Press. Londres). P. 242

“Un aspecto esencial en la cosmología makuna es el de conceptualizar todos los seres vivos como gente (masa) […]. Existe una unidad espiritual entre todos los seres vivos; la única diferencia está en el aspecto exterior, es decir, en el cuerpo, el cual es concebido como un vestido o una camisa. Las características físicas de los animales, como los colores, las pintas o los sonidos se conceptualizan como sus poderes, armas o defensas y de ellas depende su identidad, su vida y su capacidad de reconocimiento como gente”. P. 247

La cuya de fertilidad de los peces (musa bede) literalmente es de almidón de achiote, aun que hace referencia a las pepas silvestres. P. 250

Atrapar peces en exceso equivale a hacer una excursión de guerra. Para compensar hay que llenar la cuya de fertilidad de los peces; si no se hace así, el dueño de los peces transforma a los humanos en peces productores para compensar el vacío de la cuya. P. 252

Kaj Arhem: “Ecocosmología y chamanismo en el Amazonas: variaciones sobre un tema”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. 37, Bogotá, 2001, pp. 268-288.

“Los makuna describen a los animales como gente o personas (masa). Se dice que los animales de caza y los peces tienen pensamiento y otros atributos humanos y que viven en malokas del bosque y de los ríos –en salados, colinas y raudales-. Estas malocas invisibles son las casa de nacimiento de los animales, donde ellos se reúnen a bailar y a beber, procrear y multiplicarse. En estas casas los animales guardan sus utensilios, ornamentos de baile, cuyas de coca, tabaco y cera de abejas – cuyas de fertilidad-. Cuando los animales merodean por el bosque o nadan en los ríos, aparecen como peces y animales de caza, pero cuando entran en sus casas desechan sus apariencias animales, se visten con sus coronas de plumas y se convierten en gente”. P. 274

TIKUNA

Gloria M. Fajardo Reyes: “Mitos de los Hombres de Negro (Ticuna)”. Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1989. Trabajo de Grado.

“El huito (Genipa americana) es una planta utilizada con carácter mágico–religioso por los Ticuna: con el zumo de la fruta de este árbol, en ocasiones ceremoniales como la iniciación femenina y el ritual que se efectúa a los recién nacidos, se pintan el cuerpo dando a su piel un color negro. Según Villarejo (1979), antiguamente fue tan notorio su uso, que sus vecinos los llamaron “taco–una”, que en lengua tupí traduce “pieles negras.

El uso ceremonial del huito y la asociación, que se infiere dentro de corpus de mitos, con el alma o el espíritu del indígena, nos indica la importancia de esta planta como elemento inherente a su identidad”. P. 17

Nacimiento de Yoi e Ipi

1. Al tiempo, contaba la gente, Nutapa peleó con la mujer de él y la quiso castigar. En un lado de la quebrada le amarró la pierna contra un palo y la otra pierna al otro palo, y los brazos los amarró como clavaron en la cruz a Jesucristo.
2. La mujer se encontraba desnuda y las avispas y los moscos venían a picarle su cuerpo, mientras que su marido estaba raspando virote para la flecha de su cerbatana o pucuna.
3. Ya por ahí venía el gavilán tatatao y la mujer de Nutapa le dijo: -¡si usted fuera gente me salvaba!
4. En ese mismo momento, el gavilán se transformó en cristiano, bajó y la soltó, y le dio dos flechas para que se vengara de su marido. 5. Ella estaba alegre porque estaba suelta del palo y se fue al puerto de una quebrada a bañarse. Ella hablaba en nombre de su marido Nutapa que estaba raspando su virote.
6. […]
7. […]
8. […]Como el tatatao le aconsejó a la mujer de él que tenía que castigar también a su marido, los dos virotes que le dio a ella se transformaron en avispas.
9. La avispa picó las rodillas de su marido y regresó a la casa […] P. 71

La disputa por el pecho del águila.

1. “Ipi comió también el resto de carne del águila pero le faltó. Y como le dio el más grande a su hermana, el pecho del águila, comenzó a decir que le diera pedazos a él porque recibió mejor presa.
2. La hermana de él no quiso darle nada: ‘-usted ya comió y yo no como rápido’.
3. Sigue molestando. Le iba quitando la presa, ella lo mezquinó, lo escondió por otro lado, por su espalda, por aquí.
4. Sigue molestando a su hermana y por fin, ella la metió por debajo de las piernas para esconderla ahí, e Ipi también metió ahí la mano, ahí dentro de las piernas.
5. El pecho del águila ya se volvió cuerpo de la mujer.
6. Dice la historia de antigua que las primeras mujeres que dios creó tenían los genitales como si fuera un perro, que va pa' tras.
7. En ese momento cuando la hermana de Ipi metió por debajo de la pierna el pecho del águila, se pego ahí y ya se volvió cuerpo de ella, entonces la hermana quedó sin presa porque esa carne del águila se volvió carne de ella”. P. 83

Creación de los Ticuna

1. Yoí le dijo a su mujer: ahora váyase y siéntese por encima de ese huito que esta ahí rallado y pinta al niño. Le pinta bien su cuerpo. Después de la pintada usted tiene que salir de ahí y botar al agua esa basura.
2. Una persona de los antiguos decía que el culo, antes, no era negro ni las vainas de las personas, o sea el pico. Hay personas que tienen culo negro y así fue, porque a ella se pegó el color del huito.
3. Después de la pintada del niño y de ella, botó la basura del huito al agua.
4. A los quince días llegaron allí… donde viven, donde tumbaron el árbol wone en el Brasil. Hasta ahorita existe el lugar. En el río Eware, ahí fue donde botaron todas las basuras del huito.
5. A los quince días venía otra vez Ipi y venía con puro pescado, con puro pescado de ese tiempo, con sábalo.
6. Entonces Yoí cogía carnada y pescaba sábalo, cuando llegaba se volvía en cualquier animal.
7. Yoí puso carnada de pepa de chambira y otra carnada, la carnada de acero. Botaba las carnadas de las pepas de chambira, cogía un pescado y después lo jalaba, parecía salto de guangana. Se volvió guangana. Ahí aparecieron las guanganas.
8. Botaba otras carnadas, cogía otros pescados, sacó venado o tigre, todo eso.
9. Yo creo que el cerrillo y la guangana cogieron la carnada de acero, por eso es que ellos nunca se dañan las muelas.
10. Dice la historia que los ticuna habían probado todas las carnadas y no quieren cogerlas. Cuando metieron la carnada de yuca, fue que cogieron el sábalo y lo jalaron. Así fue que se volvieron cristianos, o sea, ticuna ya vuelto.
11. Sigue, sigue creándose, creándose, creó, creó, creó. Yoí fue quien sacó bastantes.
12. Cuando ya había gente cristiana, ahí, por último pescó y cogió un sábalo y lo botó afuera y era cristiano, parecía como tribu yagua. Entonces Yoí dijo que este no era, cogió un palo y le dio garrote; saltó como venado, se transformó en venado. Primero era cristiano y después lo transformó en otro animal.
13. A lo último había un solo sábalo que llegó y no quería jalar. El hermano, Yoí, que estaba pescando, no lo pudo coger. Se rabió, no dejó el anzuelo y allá llegó y dijo: -¡tu marido! Ahí llegó tu marido que es mi hermano. Aquí está el anzuelo. ¡vaya, cójalo, porque él quiere coger lo que es mío!
14. Le mandó a la mujer de él por allá y botó el anzuelo y sacó a Ipi otra vez. Entonces llegó y dijo: - Hermano, yo anduve todo el Amazonas de la cabecera, adentro. Anduve por allá, he visto oro, acero. ¡ven, mira, hermano! Yo lo traje aquí yo puse en los labios de mi boca de oro. Oro que traje de arriba.
15. El lo trajo en sus labios pegado, entonces, por ese motivo los sábalos tienen un color en la boca medio amarillo.
16. La gente dice que ahí estaba, todavía, en ese tiempo, el wone, el árbol.
17. Dijo Ipi: - Eso no hermano, vamos a partir nuestra vivienda, yo voy a quedar aquí en el tronco, aquí al quiroma (parte del tronco de un árbol que queda después de haber sido cortado) y usted en la rama. –con mucho cuidado que todavía no ha llegado la orden de separarnos. Todavía tenemos que trabajar mucho. P. 110

El Poder del Huito

1. También en esos momentos habían otros científicos. Parecía que Dios les había dado su ciencia.
2. En esos tiempos había mucha pelea, había matazón. ¿Entonces qué tenían que hacer?
3. Un día se reunieron todos los grandes científicos, los grandes, entonces ellos rallaron un huito y lo rezaron, lo rezaron y le dieron su poder, o sea, como poner el espíritu santo para que la gente tenga poder de dios.
4. Para que en ese tiempo, si matan a una persona se lleven el espíritu y con eso se muere, y a la gente lo respete porque el alma del cristiano le llega a uno si es un crimen, y así con el alma de una persona se muere uno.
5. Porque cuando han matado a una persona, entonces le llega la sangre y la sangre va naciendo, naciendo, hasta que uno tose, hasta que uno muere de tuberculosis y a la gente a veces le sale por aquí la herida y se huequea la garganta, y así se muere el criminal.
6. Así la gente se respeta entre ellos, porque primero es como matar un animal, una gallina. De ahí es que se tiene respeto por la gente y no puede hacer crímen
. 7. O sea que el huito es un… como se puede decir… como un alma espiritual para los ticuna, una bandera, la bandera de lo sagrado. Sagrada para ellos (los Ticuna), es la alma.
8. Así era, se morían de tuberculosis, y así fue la historia.
9. Hoy en estos momentos como nadie les cuenta, nadie sabe la cultura de ellos, de los Ticuna, los mismos Ticuna olvidan pa'qué son. Como era los antiguos brujos, quién fue el que fundó esto. P. 138

La Primera Pelazón

1. En ese tiempo cayó la menstruación, la primera menstruación de la señorita, la señora de él (Métare) e hizo una pelazón.
2. Esa era la primera pelazón, de ahí es que vienen la primera pelazón. 3. Como era santo, seguramente tenía el poder de Dios Métare.
4. La carne (de la danta) la guardó, seguramente la guardó para que comieran los invitados.
5. Hizo una gran fiesta Métare, invitó a toda la gente de todas partes, no solamente de una parte, de todas partes.
6. En ese tiempo había gente vieja, algunos son científicos también como él, pero no tenían comparación con él. Métare era más mejor estudiantil de ese mundo de ese tiempo.
7. Había otro científico, el que se llamaba Moruacha. Estaba cerca del baile de Métare.
8. Métare sacó la cáscara de morrocoy, en la que él se metía siempre, la pintó y contó las plumas y con ese fue que hizo el baile.
9. Ahí había baile y los invitados llegaron a la hora de la Pelazón propia. Bailaron no la víspera sino el día de la pelazón que hizo él.
10. La gente hizo máscaras de picaflor, máscara de mico fraile, otros hicieron máscara de diablo con ojos de vidrio y con cara que le breaban, con pura brea la cara de esas máscaras.
11. Son feas y él no las quiere porque se convierten en diablo, solamente la que le gusto es la máscara que lleva rueda, el picaflor.
12. Hay otro árbol que tienen una pepa negra. Habían salido bastantes máscaras de ahí, de ahí salieron.
13. A la hora de hacer la Pelazón llego la gente. Llegaron, llegaron y llegaron. Cantidad de gente había ahí.
14. Métare echó adentro el masato, el que hizo ahí en esa pelazón, esa tinajita que sacó donde la tía, que robó donde la tía, ahí la echó pa'que la gente tomara todita, pa'que se convirtiera como él al otro mundo.
15. Eso era lo que él quería hacer.
16. Métare esperó, esperó hasta que a la hora de salir sacó la piel de danta que él mató. Entonces la estiró con puro poder no más, se estiró grandísimo, ahí hicieron baile por encima de la piel de danta.
17. Bailaron, bailó la gente, las máscaras, los invitados.
18. Llegó el medio día, ese día en que él se largó de aquí al otro mundo.
19. A la primera hija de su tía, que lo botó a él primero, le mandó traer unos pocos de yuca pa'que comiera la gente.
20. En ese momento no llegaba rápido y la casa se subió por sí misma con toda la gente, hacia el aire.
21. Llegó ahí cuando la casa estaba como de tres o cuatro metros de altura, ya estaba subiendo con la gente y llegó la primera hija de su tía, que lo trataba de sucio al morrocoy porque son cagones. Por eso él seguramente la castigó.
22. Llegó ahí, ya no había gente y entonces ella déle que llorar.
23. Estaba llorando ahí y se volvió un pajarito como el que estaba llorando ahorita.
24. Cogiendo el mismo pelo de la hermana de ella dijo Métare: - Súbase ahí en estos, en el pelo de su hermana.
25. Le venía de allá alto, que mirara, le mostró para que ella pudiera subir.
26. Dijo ella: -No puedo subir porque se arranca y me caigo de ahí.
27. Dijo así porque ella tenía pecado (trasgresión de la ley; la mayor es el incesto, que antes se castigaba con la muerte).
28. Después de eso la casa iba subiendo más alto.
29. Buscaron otra piola, bejuco pero bien biche, le mostraban y no quería subir porque se arrancaba, decía, y se cae.
30. Por último mandaron una tinajita de masato de arriba para que ella tomara y después mandaron unos frasquitos de achiote cocinado para que pintara su cabeza.
31. Pintó la cabeza y se volvió en pajarito. Dejó recuerdo. Por ahí en el centro de esta selva siempre se oye el pajarito llorando triste; tiene la cabeza roja por el achiote que ella se pintó.
32. La casa va subiendo, va subiendo hasta el aire con la gente. La propia casa ya se había. Dejó los restos de la casa para los que venían de lejos. Mejor dicho, el masato, la chicha que él hizo todita estaba ahí en el suelo pero ya no tenía dueño. P. 156

El masato, el origen de las plantas mágicas y de la brujería

1. La gente que llegó ya no podía meter porque vinieron avispas, vinieron los árboles que cambian en este tiempo, como la capiruna, y otros como las culebras, las arañas. Todos estos vinieron a tomar ese masato, por eso es que se cambian; en cada año, cuando llega el tiempo de tomar masato de Métare, las arañas y la culebra cambian siempre.
2. Llegaron los que vinieron de muy lejos como de Putumayo, Tarapacá; llegaron ya después de ocho días de que él se había ido. Allí estaba el masato pero no se podía sacar porque había mucho animal que los picaba.
3. El científico Moruacha venía a esos bailes disimuladamente. Venía de último, era la última máscara que había.
4. Hizo una máscara y se transformó en niño; era viejo este Moruacha, venía como niño con una máscara pequeñita.
5. El más científico Métare se convenció, no lo conoció que este era el científico.
6. Cuando bailaba solo ahí, ni el dueño de la fiesta lo llamó. Ahí se quedó solo, botado como si fuera un muchacho.
7. A lo último Métare pensó, se acordó: -¿Quien será ese?
8. Porque le había mostrado su brazo de la máscara que él hizo, como era brujo también, científico. Cuando volteaba así, el brazo se quedaba allá en la otra puerta, por eso es que se arrepintió Métare: -¿Quien era él?
9. No podía entrar porque venía con el brazo que le quedaba largo, siendo muy niño.
10. Se acordó: -Este es el otro científico. Es Moruacha.
11. Lo llamaron. Ese era el gran hombre que también venía. Contaba la historia de antiguos tiempos que los cantos y las alabanzas de ese tiempo fueron inventados por Métare. Él fue el que encontró todo eso, lo de la pelazón, porque los de antigua tenían otro cantar y otras alabanzas. Lo que encontró Métare es mejor todavía.
12. El masato ahí se quedó, quince días, ya estaba podrido; algunas personas que son de buena fe, llegaron ahí y dejaron la familia lejos de ahí. 13. Él se fue con la máscara y metió enseguida un puyo, un pocillo, sacó un poquito de masato y lo hizo probar de a poquito a los hijos, a la mujer y luego él. Miró el camino por el que se fue Métare. También pasaron y le encontraron a él.
14. Para eso era el masato, para los que llegan de último.
15. Y así todos los de buena fe llegaron ahí donde se largó el gran científico. Por el masato se fueron con este.
16. Cuando miraron adentro de esa tinaja bollaban los gusanos, al que le daba asco no tomaba, lo tiene como sucio.
17. Y algunos que son de buena fe; con este es que se largó Métare.
18. Sacaron un poco y se fueron para allá donde no había plaga ni nada de avispas, le dieron un poquito a cada uno y pasaron a mirar donde están ellos.
19. Al que le dio asco del masato regresaba. Ahí mismo regresaron los mas grandes pecadores (quiere decir los que transgreden la ley, y también los que habitan el mundo intermedio, los mortales yunat) de esa gente.
20. En una semana nacieron muchas matas de árboles, adentro de esos masatos, porque lo que se ve adentro, lo que bolla como gusano ahí, esa era la semilla de esos árboles para que la persona que tiene pecado le tenga asco como sucio.
21. Contaba la historia que de ahí venía también la brujería por que algunos habían ungido su ojo también con ese masato y se quedó el ojo de otro mundo.
22. Las plantas mágicas ahí salieron. Todas las de brujería: salían el tabaco, el tabaco príncipe y la coca, todo será.
23. Toda venía de ahí, de ese masato y el que había probado un poquito ya lo sabía manejar pa' qué era.
24. Y así se quedó el mundo, la ciencia, pa' la brujería de ese tiempo. P. 160

Las Máscaras

1. Una persona por ahí en la selva, uno que estaba trabajando en no sé qué trabajo, encontró una loma muy alta, a las tres de la tarde creo que fue eso. Salían vientos, salían vientos y llegó el hombre ahí, déle a trabajar ahí.
2. El otro hermanó de él trabajaba como a distancia, a distancia de será 400 metros y era que los dos sabían un poco de brujería, eran científicos.
3. Sonaban puertas, el hombre oyó una bulla de las máscaras que venían de adentro de la tierra.
4. Se abrió la puerta, salió la máscara primerita que era de mico. Después salió la de picaflor, salió la rueda, la rueda que no tiene rueda, solamente llevaba pico de pito; salieron por grupo.
5. Se abrió la calle como si fuera de una ciudad grande. Miró a dónde se iban y los árboles se quitaron ahí del puesto.
6. Salieron, salieron todas las máscaras de toda clase de animales y era creo como tigres subterráneos, a veces como cristianos. Nosotros les decimos vivientes de la loma.
7. Salieron toda clase de máscaras y ahí fue que la gente las copió.
8. Por último salían unas máscaras que tenían por aquí una cruz atravesada en el pecho y no podían salir por la puerta de la loma.
9. A lo último cuando ya los primeros salieron, salió él de lado, de costado mejor dicho. Así podía salir esa máscara. 10. Ahí fue que salieron esos cuentos de la máscara.
11. Hay algunas máscaras igualitas como esta mata de chontaduro. Tenía unos racimitos maduros conforme al árbol. Otro dice que la máscara salía como matamatá, las pepitas de la cabeza toditas igualitas.
12. La historia de máscaras dice que de ahí habían salido toda clase de máscaras.
13. Los que estaban mirando son abuelos de Marcelino.
14. Al comienzo casi se muere con ese olor de la champa de la máscara.
15. Su cuñada de él estaba mas lejos; entonces él sí olió la máscara o sea la champa, que como es recién cogida del matamatá, entonces con eso casi se muere por el olor, no ve que son de otras personas.
16. Después cuando salió el último que había ahí, el que tenía una vainita cruzada aquí en el pecho, ya cuando todas las máscaras estuvieron lejos, el salió, y todos los árboles se juntaron otra vez; no había calle, otra vez como si nada, pura selva.
17. Se van por allá a baile de otras personas, invitados seguramente, iguales como ellos. P. 173

Viyake, Científico del Nuevo Tiempo
La muchacha de la Quebrada


1. Hace pocos días había una persona científica también, por ahí menos de dos mil años, es nuevo testamento, que son los abuelitos de esta comadre, abuelitos de Grimanesa, que se llama Viyake, eran científicos también.
2. La mamá de él, de Viyake, vivió con un científico, un brujo, pero él no ve nada, sino es como un brujo, no tiene ojos para ver otro mundo, sino era brujo no más.
3. El padrastro de él siempre andaba con él y lo quería bastante. Entonces le enseñó lo que él sabía. El muchacho ya tenía ocho años, como así este niño.
4. Siguió andando con él hasta que tenía como unos catorce o quince años, estaba grande. Fumaba el tabaco por donde él iba, él su padrastro. Viyake andaba allá en todas las cosas de lo que sabía su padrastro, de los que le enseñó.
5. Un día cuando ya estaba grande, como de quince años, se fue a cazar con pucuna, con cerbatana, como a doscientos metros de la casa.
6. Llegó a una quebradita, le apareció una muchacha a él.
7. En esa época las personas Ticuna andaban o sea que visten con puro pluma.
8. Era una muchacha de 16 años, era gordita y le dijo a Viyake: - Ven mira, tú sabes que mi papá te necesita en estos días, te espero para que te presentes allá donde él.
9. Ella venía con las plumas por acá blancas y así, flores que tenía en los brazos en todas partes, mejor dicho, vistió con la pluma pero era cristiana misma y él se admiró de ella.
10. El Viyake no sabía quién era su papá.
11. - Venga, deje su pucuna y la cargadora de su flecha guárdela ahí.
12. La siguió, dejó la pucuna al lado de una capiruna que hay aquí en la selva, ahí mismo la colgó.
13. Siguió a la muchacha como a distancia de tres metros. Había una quebradita ahí, no quebrada grande sino un arroyo, arroyo se dice a una quebradita.
14. Pasaron al otro lado del charquito ese, pero en menos sin darse cuenta ya estaba en el cielo.
15. Se lo robó esa muchacha porque era muy científico, ya que el muchacho no tenía ningún pecado, no tenía prometida a ninguna de acá por eso es que se presentó esa persona.
16. Y ésa era una hija de cóndor. Ésta era una hija de un cóndor del aire, viviente del cielo. P. 196

Nacimiento de la Gente de Aguaje

1. Había un diablo que se llamaba Túchurui, en nuestro dialecto. Ese tenía un solo hijo, una hija, no tenía mujer sino vivía con la hija.
2. Todo el mundo se enamoraba de ella porque era linda, los jóvenes se enamoraban, a cada rato se iban a vivir con ella.
3. El diablo vive con la hija de él para comerse a los Ticuna, a la persona ticuna.
4. Cada vez que llegaban los jóvenes se iban a comer milpesos y ese milpesos Túchurui lo tenía especialmente para matar cristianos ahí.
5. Ahí engañaba a la gente. Llegaban allá y les mandaba a buscar bejuco, entonces los colgaban en el cuello y subían a la mata de milpesos para cortar el racimo y bajarlo con mucho cuidado para que no se regara la pepa; así engañaba a la gente.
6. Él acarreaba un panero de cazabe, es una yuca como arepa.
7. Subía la gente y el diablo allá los vencía a los pobres ticuna que no eran científicos, y ahí los mataba y se los comía.
8. La hija también era diablo, y necesitaba comer cristianos.
9. El diablo mataba harta gente, cada rato se perdían. Se perdían los yernos de el, a cada rato se perdían, pero seguían otros enamorándose de la hija.
10. Hasta que por fin se fue a mirar a Métare. El gran Métare se fue por ahí, verdad que la hija de Túchurui era linda.
11. Métare no se viene a vivir a ellos sino solamente a matarlos a ellos.
12. Como era santo, el hombre llegó, lo miró y dijo: -la hija está muy linda.
13. Ella se enamoró de Métare también y contó todo lo que había pasado a los muertos.
14. Como ya era santo (quiere decir la inmortal une y también encantado), dios le ayudó y la hija de Túchurui le contó: -llegaste aquí, estás muy bonito. Yo voy a vivir contigo pero ten mucho cuidado porque mi papa es un diablo y se comió a los que vinieron a vivir primerito conmigo. Mi papa se comió a la gente, pero a ti si no, porque yo te quiero mucho y te amo.
15. La hija ya lo aconsejó a Métare.
16. El diablo le dijo: -oiga usted yerno, usted ya va a vivir con mi hija.
17. Se fueron, mejor dicho, vivieron ya con el. Este Métare vivió ya con ella en la cama, se quisieron, se utilizaron.
18. Métare como ya la tenía, tenía miedo porque había matado hasta Ticunas que eran yernos de el.
19. A media noche Métare salió de la cama de donde ella. Y ella, la hija del diablo Túchurui estaba durmiendo, y la transformó en hombre, la cambió en Métare, o sea hizo milagro Métare.
20. Ahí se volvió la hija Métare.
21. A media noche el papá de ella estaba buscando a Métare; buscaba despacito dónde estaba, miraba, topaba el cuerpo de Métare (como se había pasado al cuerpo de la mujer, se cambió de la hija, se transformó de mujer y ella se cambió en Métare) le topaba todo, hasta la teta, la nariz, la cara, el pelo, hasta la vaina (periquita-vaina, designa el sexo de las mujeres) de la mujer, todo eso.
22. – Entonces éste no es, ésta es mi hija –dijo el Túchurui. Hablaba despacito.
23. El déle que roncar pero disimuladamente.
24. Pasó allá y topó: -éste que tiene testículo es el yerno mío.
25. Sacó el pico y lo prendió para chupar la sangre de él pero en la parte de la pierna. Ya estaba lleno el Túchurui.
26. Amaneció. El yerno salió porque le había aconsejado la hija.
27. La hija ahí esta en su cama, no sale, y el diablo Túchurui dice: -¿por qué es que la hija mía no salió?
28. Se fue, alzó la cama, ahí estaba la hija, como ya otra vez la había pasado a mujer.
29. El Túchurui se fue a mirar, verdad ahí está la mujer muerta, la hija de él, ya está bien muerta, bien pálida, se queda ahí sin sangre.
30. Métare se fue por allá a un rincón a escuchar, se fue a mirar.
31. Lloró el diablo por la hija. Se murió porque él le chupo la sangre de ella. Él lloró en su dialecto: ¡cari, cheva, cheva!
32. ¿Que tenía que hacer? El mismo, el diablo, le hizo sanar a ella.
33. La mujer ya se había resucitado, entonces Métare llegó. Ahí estaba rabiando el suegro, el diablo. La miró que ya no era conforme bonita la hija de él porque ya estaba muy flaca, por un lado la pierna estaba seca.
34. Le dijo a Métare: -yerno, vamos a traer milpesos.
35. Se fueron. Ya había contado la hija de él como mató a los primeros.
36. Se fueron por ahí. Encontraron una mata de milpesos, tenía un racimo grande y el suegro dijo: -váyase, búsqueme un bejuco aquí en esta parte, no allá porque hay mucha hormiga que nos pica, majiña, más bien vaya a buscarlo en esta parte.
37. Métare miró la mata de milpesos, era bajita y él podía subir, él podía bajar los racimos tranquilo.
38. Se fue a buscar el bejuco, entonces Métare se acordó, imaginó algo. Dio la vuelta por allá y se fue a mirar qué era, por qué es que le mezquinaba esa parte.
39. Se fue a mirar y llegó ahí donde no quería que fuera el. Se encontró huesos de gente, cadáveres, muertos por todo lado.
40. Regresó, llegó con el bejuco y el suegro le dijo: -súbase a este milpesos y baje ese racimo de allá del alto y tiene que colgar este bejuco en su cuello.
41. Él subió, subió Métare al tronco de milpesos.
42. Cuando ya estuvo como a unos seis metros de alto, y el bejuco estaba todavía en el suelo, vino detrás el diablo Túchurui y le jaló por allá de la soga pa' que se cayera.
43. Cayó Métare pero se transformó en arrendajo mochilero. Casi iba topar el suelo pero se transformó en pajarito. Se fue a sentar por allá en un árbol grande.
44. El suegro estaba con hambre, y trajo un panerado de cazabe.
45. Pero Métare ya había dominado al diablo, le había brujiado: ahí mismo le dio hambre, él se miró el cuerpo de él mismo, éste, el Túchurui, se miraba; miró la carne que tenía en el brazo, cortó un pedazo, comió, comió con el cazabe, le faltó más, del otro brazo sacó un pedazo de carne, comió también.
46. Métare sigue brujeando hasta que Túchurui sacó de la canilla, de la barriga de la canilla, todo eso comió, hasta de pierna, y él mismo sopló y creció la carne como si fuera que no sacara nada.
47. Métare siguió cantando, ahí cantando como si fuera pajarito, y dijo: -ve, mírate todo tu cuerpo, ve mírate todo tu cuerpo a ver si te gusta comer.
48. Hasta que por fin cogió la carne de la barriga; comió, y después el diablo sopló otra vez al puesto de la carne y no lo pudo llenar, mejor dicho no se pudo sanar. Él no tenía viento de soplar.
49. Vino el mochilero, como estaba afuera el corazón del diablo, entonces déle con el pico, cha cha, cha! Lo metió. Ahí se murió el diablo Túchurui.
50. Ahí fue que el mochilero propio de altura tuvo su pico como hasta ahorita: donde metió el pico en la pura sangre, quedó rojo, de recuerdo de ese tiempo.
51. Ahí se murió el diablo. Métare lo hizo quemar. Se quemó, se acabó.
52. Llegó a la casa y mató a la hija, se murieron todos esos diablos.
53. – Seguramente hay algo ahí que nace de esos demonios –dijo Métare.
54. Al otro día se fue a mirar donde que quemó al diablo.
55. Ahí nació un palo guadua; hay varios, hay varias clases, hay de esos amarillos, hay de esos troncos verdes, éste era verde.
56. Nació ahí y él a cada rato, cada día, se iba a mirarlos y a trozarlos, déle que trozar, que trozar, hasta que se aburrió.
57. Dos días habían pasado y se fue a mirar. Ya estaba alta la guadua, cortó, cortó, bueno se aburrió.
58. En una semana se fue a mirar, pero antes de llegar se reventaron esos palos. Ahí nació gente, nacieron de la raza Ticuna, de esta raza, nación de aguaje. De ahí nacieron; por eso es que nosotros decimos que no somos familia, porque nacieron de otra parte.
59. ¿Qué tenía que hacer? Él no podía hacer nada con ellos porque ya había bastantes personas.
60. Entonces por eso dice que los de esta nación también son malos y antiguamente eran bien científicos y son brujos y hechiceros.
61. Ellos nos brujeaban a cada persona. Vivos nos comen los gusanos y se caía la cabeza de uno. Puro, puro, este gusano nos come ya por la brujería.
62. Hasta ahí llegó la historia de Túchurui. P. 164 y ss.

SISTEMA DE REFERENCIAS

DENOMINACIÓN:
Nombre Científico: Bixa Orellana
Nombre Común: Achiote, Achote.

Contextualización: La fruta de este arbusto contiene numerosas semillas las cuales al triturarlas, agregándole agua, sueltan una sustancia rojiza la que utilizan para pintar artículos de la cultura material como hamacas, mochilas, telas de corteza de yanchama y otros elaborados con balso. La fruta no debe estar muy madura para que su acción como colorante dé buen resultado.

Se utiliza también como planta medicinal:

1. El pecíolo contra la conjuntivitis.
2. EL zumo contra la enfermedad de los pollitos.

En la fiesta de la pelazón se usa así:

1. Para colorear algunos dibujos en el corral donde es recluida la joven y el atuendo de ésta. Para decorar los instrumentos musicales.
2. Como pintura corporal de la joven a la que se le realiza la pelazón; y de los niños, a quienes también se les hace un ritual, ya sea para perforar las orejas o cortar el pelo.

En la fiesta de carnaval, que realizan los ticuna de San Martín de Amacayacu en febrero, es usado para:

1. Pintar la cara de la gente del sexo opuesto sin que éste se de cuenta.
2. Pintar el tronco de la palma de asaí, la cual es el eje del carnaval. P. 224

DENOMINACIÓN:
Nombre Científico: Mauritia Sp
Nombre Común: Aguaje, Canangucho
Contextualización: El fruto de esta palma es muy apetecido por los indígenas Ticunas. Lo comen cuando está maduro, ya sea solo o acompañado con fariña. También se prepara chicha y refresco. Este último en bolsas plásticas y congelado se denomina curiche o puriche.

Se usa en la fiesta de pelazón:

1. Del cogollo se elaboran las champas, es decir tiras que se añaden en la parte inferior del vestido de los enmascarados.
2. Con el corazón del tronco, o espuma, se fabrica el corral en donde esta la niña recluida.
3. Con las hojas se oculta la trompeta. P. 227

DENOMINACIÓN:
Nombre Científico: Genipa Americana
Nombre Común: Huito

Contextualización: Se utiliza como elemento ceremonial:

1. Cuando un niño cumple aproximadamente un mes de vida se realiza una pequeña ceremonia: sobre la totuma en donde esta el zumo del huito, el chamán comienza a ejecutar pases mágicos con las manos y a echar humo de tabaco. Luego la madre del niño le pinta su cuerpo y se pinta ella misma.
2. En la ceremonia de pelazón.

A las personas que se van a invitar a la fiesta se les lleva la fruta del huito.

Antes que lleguen los invitados, los parientes de la joven y los niños a quienes se les hace el ceremonial rallan el huito así: se lleva el huito en canastos donde se realiza la ceremonia, acompañado del chamán y del sonido emanado de los tambores. Se coloca en el centro del recinto y al son de un golpe seco del bastón de mando, dado por el chamán, empiezan a rallar el huito. Cada persona lo ralla sólo una vez. No terminan de rallar el huito porque si lo hacen entonces los Ticuna se acaban.

También es usado como pintura corporal:

1. Se pintan los niños a los que se les hace la ceremonia.
2. Los invitados se decoran la cara con dibujos alusivos a su clan.
3. A las jóvenes a quienes se les había hecho la pelazón, se les echa en el pelo.

Existe clan de huito. P. 330

DENOMINACIÓN:
Nombre Científico: Panthera Onca
Nombre Común: Tigre

Contextualización: El tigre es un felino temido por los indígenas. En décadas pasadas fue muy cazado por su piel y por este motivo su población disminuyó considerablemente.

Ahora se los encuentra, a veces, cerca de las haciendas ganaderas donde consiguen alimento.

En las telas de llancaza y máscaras que elaboran los indígenas de las poblaciones de El Progreso y Arara, el tigre se constituye en unos de los motivos mas frecuentes. Estos objetos son hechos exclusivamente para vender a los turistas. Existe el clan tigre dentro de la sociedad ticuna. P. 474

DENOMINACIÓN:

Nombre Común: Yomero

Contextualización: Es utilizado en la fiesta de pelazón. Se baña con agua de las ramas y se le golpea la espalda con estas a la joven; el palo con el que se golpea el caparazón de la taricaya, el palo donde se amarran los sonajeros y el palo que se coloca en el agua son hechos con este vegetal. P. 553

Claudia Leonor López Garcés: “Los ticuna frente a los procesos de nacionalización”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. 38, Bogotá, 2002, pp. 77-104.

Los ticuna colombianos ven con extrañeza que las mujeres ticuna del Brasil usen collares o que los ticuna de Vendaval (Brasil) se afilen los dientes incisivos, porque consideran que “ellos viven como vivíamos antiguamente”. P. 91

YUCUNA

Laurent Fontaine: “El mambe frente a dinero entre los yucuna del Amazonas”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. 39, Bogotá, 2003, pp. 173-201.

En el intercambio de productos entre los grupos indígenas del noroeste amazónico, los de la familia lingüística tucano se especializaban en las vestimentas de plumas más que en otros productos, según plantea Hugh-Jones (“The Palm and the Pleiades: Initiation and Cosmology in Northwest Amazonia”, Cambridge University Press, Cambridge, 1979). P. 177

María Clara Van der Hammen (“El manejo del mundo”, Tropenbos, Bogotá, 1992) señala que los macuna apreciaban mucho el curare de los yucuna; aquéllos lo intercambiaban por el karuyurú, una sustancia roja que se emplea en rituales chamánicos de protección.

“Todo “hombre” en sentido yucuna (achiñá) debe mambear –o por lo menos guardar un poco de mambe en su boca- casi todo el tiempo, salvo cuando come, bebe, se baña o duerme, momentos en los que se siente particularmente vulnerable.

Desde el punto de vista indígena, el mambe es un operador comunicativo muy particular, por estar destinado a transformar el poder de la palabra mediante algunos efectos en el más allá. Los iniciados cuentan que, cuando mambean, los seres sobrenaturales –seres míticos, dueños del bosque y auxiliares chamanísticos que habitan usualmente en otros mundos- se vuelven mas atentos a lo que hacen, buscando beneficiarse de aquellos de manera pacífica, es decir, aceptando el diálogo. El arte del chamanismo consiste entonces, en utilizar esta colaboración del ser sobrenatural pidiéndole prestados sus poderes, lo que se negocia siempre con mambe, acompañado, a veces, de tabaco –cigarros lichipa– y en algunas festividades, de bebidas fermentadas –masato de piña, jugo de chontaduro-. Gracias a estos poderes el hombre iniciado puede defenderse de sus adversarios –demonio, brujos, enemigos, etcétera-, al preguntarle a sus aliados por el futuro, pidiéndoles consejo, tomando prestadas sus armas –maleficios, mantas que les permite transformarse en animales, etcétera.- y esperando que le prevengan en caso de un ataque”. P. 180

TAIWANO

François Correa Rubio: “Por el camino de la anaconda ancestral. Sobre organización social entre los Taiwano del Vaupés”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. XXIII, Bogotá, 1980-1981, pp. 37-108.

Dentro de la amplia red de intercambio entre los distintos grupos indígenas del Vaupés, a cada uno corresponde el dominio sobre un cierto producto; así, a los Macuna del Caruyurú corresponde la pintura corporal. A ellos mismos corresponde “chamanizar” las plumas de guacamaya de los bailes rituales. P. 47-48

La emersión originaria en el Pirá-Paraná, que implica la descendencia de la Anaconda Remedio, les da su identidad a través de los elementos que les fueron entregados, entre ellos los elementos rituales y aquellos otros vinculados a su uso, como la pintura facial. P. 63

Entre los Tatuyo, la Gente del Trueno (celeste), los Emoreko Maha, son los chamanes que fabrican el plumaje del baile. P. 92

Según el mito de Nacimiento de la Anaconda Remedio, los Taiwano emergieron en el río Tiquié, en la Loma de Achiote de Araña; allí recibieron “el Almidón de Achiote, de salud, la pintura del baile”. Eran los Bailadores del Achiote. La Anaconda emergió de nuevo en la Cachivera Hueso de Danta, en donde estaba el Dueño de la Coca, la Danta-Mojarra, que hacía dibujos como costillas de Anaconda. P. 96

François Correa Rubio: “Espacio y territorio en la organización social taiwano”. Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1978. Trabajo de Grado.

“Entre los rasgos específicos que permiten identificar a las comunidades como unidades sociales, se han rastreado algunas características: de un lado se asumía que cada grupo poseía el dominio particular sobre la elaboración de ciertos productos que establecían una amplia red de intercambio; los MAKÚ eran, por ejemplo, los abastecedores del curare, el veneno de los dardos de cacería; los MACUNA del carayurú la pintura corporal; más lejos, los KURRIPACO, aun hoy hacen llegar los rayadores de mandioca hasta las zonas lejanas como el MIRITÍ – PARANÁ. Otras veces se trataba del dominio exclusivo de ciertas actividades chamánicas sobre productos de intercambio: los MACUNA era en quienes recaía la capacidad de ‘chamanizar’ las plumas de guacamaya de los bailes rituales […]”. P. 38

“La demarcación del espacio cotidiano de la actividad femenina se encuentra en el relato de YEBA, héroe mitológico asociado a la tierra y/o al tigre, quien obtiene los productos hortícolas de la chagra de anaconda-pez (WAI – JINO) al raptar a su hija YAWIRA. Posterior al rapto, los aliados formalizan la unión en el ritual en que se intercambian productos del monte (frutos y cacería) aportados por YEBA y, los productos de consumo ritual (coca y yagé), que el suegro de este le entrega para transformar así el carácter silvestre de YEBA. YAWIRA había ya dejado su corporeidad de anaconda al quitarse los distintos ‘vestidos’ de anaconda, cuando YEBA barbasquió su vientre infestado de pirañas”. P. 142

KAWILLARY

François Bourge: “Los caminos de los Hijos del Cielo. Estudio socio-territorial de los Kawillary del Cananarí y del Apaporis”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. XX, Bogotá, 1976, pp. 101-146.

Yakamamukute no tiene ano; es una entidad sin conclusión. Es un cuerpo lleno, sin órganos, sin abertura; es un mundo clausurado en sí mismo, autónomo e improductivo. Hehechu le abre el ano y, al mismo tiempo, lo mata; entonces Yakamamukute se abre de la tierra y se transforma en la bóveda celeste, Inati. Pedazos de su cuerpo y su sangre quedan en la tierra; se forma un cerro y su sangre sirve de barro para hacer las ollas. Pero, además, el cielo tiene la forma de una olla volteada sobre el mundo. Otra parte de sus restos a origen a los Munully, sus hijos, primeros Kawillary, huérfanos y ordenadores del mundo Kawillary, yendo de la cepa del mundo hacia el Cananarí y el Apaporis. P. 122 a 125.

ANDOQUE

Roberto Pineda Camacho: “El sendero del arco iris. Notas sobre el simbolismo de los negocios en una comunidad amazónica”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. XXII, Bogotá, 1979, pp. 29-58.

“El mundo andoque está dividido en dos categorías fundamentales: ‘rojos’ y ‘blancos’. La gente pertenece a una u otra categoría. Los ‘blancos se adornan con plumas de garza y plumón de chontaduro; los rojos se pintan de rojo, y decoran con plumas de guacamayo tricolor. El primero es callado, sereno, pausado; el ‘rojo’ es agresivo, intempestivo, colérico, y habla duro. Aquellos visten colores suaves; los segundos usan ropas encendidas. P. 51

En la confrontación entre las boas y Tofidei, éstas suben de la bocana a hacer la guerra a Tofidei en compañía de los ‘quemadores’, los blancos. Tofidei los petrifica mostrando su pene erecto pintado de rojo. P. 52

DESANA

Gerardo Reichel-Dolmatoff: “Desana. Simbolismo de los indios Tukano del Vaupés”. Universidad de los Andes, Departamento de Antropología, Bogotá, 1968.

El Sol y la Luna eran hermanos gemelos. Un día, Luna quiso enamorar a la esposa de Sol, que era también su hija, y éste se dio cuenta. En una fiesta Sol quitó a Luna su gran corona de plumas y le dejó solamente una corona pequeña y unos zarcillos de cobre. Desde entonces se separaron. P. 17

La canoa-culebra en la que vino toda la gente estaba pintada de amarillo y de rayas y rombos negros; por dentro era roja. P. 18

El llamado “pez espada” era sirviente de la Hija de la Trucha; “en su forma antropoformizada tenía una larga cabellera de pelos lisos y negros; llevar los cabellos largos era un símbolo de prestigio en tiempos pasados y, al cortarle la cabellera por castigo, la Hija de la Trucha transformó los pelos en un pez largo y liso, de color negro”. P. 38

Waí-maxsë es el Dueño de los Animales. Se lo piensa como un enano todo pintado de rojo. Tiene un bastoncito mágico, también pintado de rojo. P. 59-60

“Las coronas de baile consisten de una base anular tejida de espartos finos y adornada luego con pequeñas plumas colocadas verticalmente sobre el tejido, añadiéndose luego una serie de plumas largas radiales y algo espaciadas. La interpretación simbólica de estas coronas es la siguiente: las plumitas en la base son de color amarillo representando la fertilidad del Sol y al tiempo la conducta "tranquila, acogedora" de los Desana. La segunda hilera, de plumitas rojas, representa el principio de fecundidad terrenal y de la influencia de Diroá-maxsë. Las grandes plumas radiales son azules y significan el contacto, la comunicación, interpretada aquí ante todo en términos sociales. Un hombre de malas costumbres no puede ponerse una tal corona y es de acordar la escena mítica cuando el Sol le quitó la corona a la Luna y le dio una más pequeña, como castigo. El kumú lleva una corona especial llamada abé béro (‘sol-círculo’), que consisten solo de plumitas amarillas y rojas y no tiene plumas grandes. Los muchachos jóvenes llevan pequeñas coronas llamadas ngái poári béro (‘lorito-plumas círculo’), hechas de plumas de pequeños loros; estas coronas solo son indicativas de su status de jóvenes”. P. 89

Los cazadores se pintan el rostro con un motivo de hileras de puntos o pequeños círculos, es decir, una cadena de gotas que representa el semen. P. 91

Pintura facial: “Los jóvenes se pintan sobre las mejillas un largo rectángulo en forma de barra, dividido por una serie de líneas cortas transversales. Los hombres adultos en cambio dividen entonces estas casillas con cruces o con una combinación de cruces y círculos. Dice el informante: ‘Cada cruz o círculo es una gota que el hombre pone en la sociedad. Es semen que crea un nuevo miembro del sib’. Y hablando sobre la relación de estos motivos con la caza, añade: ‘Eso se refiere a ambos, a hombres y animales. Los animales son un medio para la fertilidad; fomentan la fertilidad humana, porque comiendo, los hombres pueden procrear. Al tiempo los hombres fomentan la fertilidad de los animales’. Otro motivo que se observa a veces en la pintura facial de los jóvenes consiste de una línea que termina en una espiral. Este dibujo representa el "pico de un zancudo" (méxtëamé), símbolo fálico con la connotación de ‘inyectar’, ‘fertilizar’. Sin embargo, queda entendido que, por tratarse de muchachos, los que se adornan así aun no participan en la vida sexual del sib. ‘El zancudo apenas acaricia y palpa’.

“Para otro tipo de pintura facial, pero con el mismo sentido de ‘gotas’ de semen, se usa el zumo amarillo, espeso y levemente perfumado, de cierto árbol (si'i. péngë). Con el zumo se pintan manchas redondas en las mejillas, como signo de fertilidad masculina; con ocasión de bailes la pintura se mezcla con el zumo de plantas aromáticas. En desana si'i-pé significa algo ácido, amargo, y la palabra sirve de calificativo al semen en la expresión de ëma si’i-pé = ‘hombre-semen ácido’ o también a una infusión medicinal de sabor amargo. En tukano en cambio sii-pé es el ano y entre los Makú se usa esta expresión para insultar a personas testarudas, estúpidas y que no entienden lo que se les dice. Evidentemente, los Makú han prestado este término de los Tukano quienes llaman así a sus Makú al calificarlos como testarudos, estúpidos, etc. El empleo de tal término para designar a los Makú es por cierto muy significativo. P. 91-92

“Algunos gestos y ademanes tienen valor simbólico para los Desana y tenemos en primer lugar el significado benéfico del lado derecho y el maléfico del lado izquierdo. El lado derecho y la mano derecha significan suerte, protección, lo masculino, lo frío y el poder; mientras que el lado izquierdo es la desgracia, lo indefenso, lo femenino, lo caliente y la sumisión. El poder creativo está en la mano derecha, el negativo y destructor en la izquierda. La materia de la enfermedad debe recogerse siempre con la mano derecha, para eliminarla, porque al tocarla con la izquierda seguiría el contagio. Personas de importancia se sientan a la derecha y se dice que la Hija del Sol siempre estaba al lado izquierdo de su padre. Si dos hombres caminan juntos lado a lado, el de la derecha está bajo la protección del Sol mientras que el de la izquierda está expuesto a peligros mágicos. El punto de unión es la mitad, el centro, cuya importancia hemos observado ante todo en el caso de la maloca. También es centro cualquier lugar donde se establece un eje cósmico, donde se pone la lanza sonajera, donde se clava la horqueta de tabaco o donde se pone un banco para "reflexionar" o dar consejo”. P. 92

“Estar sentado en posición acurrucada con la cabeza entre las manos, simboliza la muerte. El hijo de la Hija del Sol se sentaba así poco antes de morir”. P. 93

El payé se pinta de rojo. El tronco del cuerpo humano se piensa como rojo. El abdomen y toda la zona bajo la cintura es amarillo. La cabeza y el pensamiento se asocian con el azul. P. 94

El aprendiz de payé debe privarse de ciertos alimentos, en especial lo ahumado o muy asado. Debe bañarse solo de noche en el río, aspirar una infusión de ají por la nariz y tomar plantas vomitivas. Antes de amanecer y pintados ambos de rojo, va al puerto con su maestro para cantar e invocar al Sol. P. 99

El payé puede convertirse en jaguar, en anaconda o en matafrío. P. 102

Al actuar, el kumu se pone una falda roja de corteza, adornada con plumitas cortas en el borde, “y lleva en la cabeza una corona de plumas en la cual a diferencia de las coronas de baile, las plumas son cortas y blancas, saliendo horizontalmente de su basa tejida de espartos. En los brazos lleva varias cintas anchas tejidas de fibras muy finas, con motivos romboidales entretejidos y todos adornados de plumas. Colgada del codo izquierdo lleva una gran semilla negra de una palma, en cuyo interior guarda algunas plumitas rojas y blancas así como un pigmento rojo para pintarse la cara. Este adorno es privilegio exclusivo del kumú y representa públicamente su autoridad. Un cilindro de cuarzo colgado del cuello complementa esta indumentaria”. P. 105

A los pocos meses de nacido un niño, su padre designa una mujer de otra tribu como madrina para que le corte las uñas y las queme; las uñas simbolizan “la suciedades de este mundo, las malas costumbres”. P. 108

Luego de la iniciación, en la que deben pintarse de rojo, los jóvenes reciben en el antebrazo una serie de quemaduras con un tallo candente (ëxëri = quemarse, transformarse) que indican su nuevo status. P. 110

En la iniciación de las mujeres, el payé les corta el pelo y lo tira al río y les pinta el cuerpo y el rostro de rojo y negro, símbolos de la energía positiva y negativa. P. 110

En los bailes de las fiestas, las mujeres pintan a sus compañeros de baile con una tintura negra (korá) que se saca del fruto de un árbol, mientras que ellas se pintan todo el cuerpo de rojo. La pintura del hombre es protectora contra las enfermedades y los peligros mágicos. La pareja negro y rojo representa la unión entre el cielo y la tierra, entre las fuerzas sobrenaturales y la vitalidad de la naturaleza. Expresa lo permitido y es una señal para la unión sexual entre los que bailan. P. 125-126.

Los bailes imitan con frecuencia los movimientos de los animales. Uno de ellos imita el movimiento de una culebra con manchas amarillas, verdes y negras. Como se cree que las culebras son procreadoras de los peces, al imitarlas los bailarines consideran que sus hijos serán buenos pescadores. Igualmente se imita el movimiento de la trucha amarilla o del curí o de un mico o de la guacamaya. P. 126-127

Los bailes con máscaras (bailar disfrazados) no son propios sino tomados de los cubeo. Los desana dicen que aquellos de sus muertos (los pecadores) que han tenido que ir a los dominios de Waí-maxsë, están allí como animales, pero en las fiestas se ponen máscaras de corteza pintada. Con ellas, que “simbolizan su existencia terrenal pero ya no humana”, se manifiestas a veces los antepasados a los vivos. Las máscaras se usan para el corte de uñas de un niño, el dar un nombre, la iniciación de muchachos y muchachas, la consagración de una maloca nueva y en los intercambios de comida, pero en ninguna tienen el papel principal. Las llaman “gente ya ida”. Por eso, el papel de las máscaras es un llamado, una amonestación para respetar las reglas que prohíben el incesto y prescriben la exogamia. P. 127

La pintura facial del cazador hace parte de los procedimientos con los cuales quiere atraer su presa “sexualmente”. P. 170

El cazador mastica las raíces de plantas aromáticas cuyas hojas deben tener un color semejante al del animal que se quiere cazar; con ellas masticadas se refriega todo el cuerpo así como sus armas. Una parte de esta masa masticada se mezcla con pintura roja y con ella se pinta la cara con diseños que corresponden a la forma del animal que busca cazar. Para venado, se pintan huesos de venado verticalmente en las mejillas, para ciertos roedores se pintan con motivos de ojos o triángulos. Esta pintura también se ve como una máscara que oculta las intenciones del cazador y hace que los animales lo reconozcan como de la familia y lo reciban. P. 172-173

Cuando un muchacho hace su primera cacería, Su primera presa se pinta de rojo y el muchacho también se cubre de rojo de pies a cabeza. Así tanto él como su presa se identifican con Waí-maxsë. Se sopla el recipiente de la pintura con humo de tabaco. Si el animal se prepara con algún líquido, se agrega bastante achiote para teñirlo de rojo. P. 175

La pintura facial del pescador tiene motivos de aletas de pescados, o de sus cabezas y ojos. En un tubo de hueso de venado o de cerdo salvaje lleva más pigmento para cambiar su pintura según los peces que vaya encontrando. P. 176

BARASANA

Alfonso Torres Laborde: “Mito y cultura entre los barasana, un grupo indígena tukano del Vaupés”. Departamento de Antropología, Universidad de los Andes, Bogotá, 1969.

Los hombres usan cubre-sexo o guayuco; las mujeres, una falda corta. P. 27

Luna (Muyhu) tenía una hermana (Méneri-Ya) a quien enamoraba y todas la noches iba a dormir con ella. Como ésta quedó embarazada, quería saber quién era el que iba a acostarse con ella. Para eso, se mojó en tinta negra y, en la noche, dio una palmada en la cara a su amante para pintarlo. Al día siguiente se dio cuenta que era su hermano. Por eso, luna tiene manchas negras pintadas. Esa pintura se llama We.

Al amanecer, Luna salió al puerto a vomitar para aliviarse, pero al mirarse en el río, se vio las manchas, que no se le quitaban por más que se lavaba. Entonces se metió en el agua, se murió y se pudrió.

Alexander Cifuentes: “Educación y organización social en el noroeste amazónico”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. XXII, Bogotá, 1979, pp. 85-134.

Entre los Barasana: “Podemos ahora ver que en la iniciación, como en los ritos de nacimiento y primera menstruación, un conjunto de lazo de parentesco ritual se establecen entre los sujetos de estos ritos y los más importantes actores; tales lazos se expresan en términos de referencia y dirección que reemplazan los términos de parentela usual. Para un iniciado los lazos rituales son los siguientes: entre los iniciados y los Chamanes que ofician; entre los iniciados y el guardia ritual y entre él y la mujer que provee la comida pura después del rito; entre el iniciado y el mayor que lo carga dentro de la Casa He; entre el iniciado y la mujer que lo pinta y a quien él entrega los cestos; entre el iniciado y aquellos que lo pintan como negro durante la Casa He y entre los mismos iniciados que atraviesan juntos la Casa He... Es como si después de la iniciación, el iniciado renace con un nuevo conjunto de parentela elemental. Estos lazos de parentesco ritual se entrecruzan con aquellos del iniciado con su familia nuclear y la comunidad de la maloca. Esto corresponde al hecho de que, en la iniciación, el universo social de una persona se abre para incluir gente fuera del grupo local” (Hugh-Jones, Stephen: “The Palm and the pleiades. Initiation and Cosmology in North-west Amazonia”. Cambridge University Press, Cambridge, 1979: 114-115).

CURRIPACO

Nicolás Journet: “Los Curripacos del Río Isana: Economía y sociedad”. En Revista Colombiana de Antropología, vol. XXIII, Bogotá, 1980-1981, pp. 125-182.

Se han convertido en artesanías para el mercado los collares y coronas de plumas, que son de fabricación masculina y se venden en el almacén comunal de Mitú. P. 172

SIONA

Margarita Chávez, Juan José Vieco: “Al encuentro de la gente tatuya. Un encuentro sobre la organización social siona”. Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1983. Trabajo de Grado.

Su vestido consiste en un taparrabos pero se pintan el cuerpo con achiote y otras pinturas que conocen. Se adornan con collares y brazaletes de hierbas que son usados en brazos y piernas. Obviamente los misioneros trataron desde un principio de cambiar estas costumbres con miras a convertirlos. P. 8

“…indígenas provenientes de diversas ‘naciones’ fueron obligados a convivir en los pueblos fundados por los misioneros. Los inducían a vestirse, la kusma fue impuesta para cubrir su desnudez.” P. 9

“Estos asentamientos eran pequeños pueblos de diez o más casas en las cuales vivían de diez a veinte familias. Su número no sobrepasa las mil personas. Su vestido consiste en una kusma de algodón blanco o negro y es usada tanto por hombres como por mujeres. Se depilan las cejas y pestañas. Adornos cuelgan de sus orejas y sus narices. Así mismo usan brazaletes de chambira para combatir el reumatismo y abundantes collares en el cuello que pesan de diez a quince libras. […] para lavar sus ropas, sus cabellos etc., ellos usan el interior de una corteza que ellos llaman ‘quillay’ y una sustancia jabonosa conocida como ‘suyuyu’. (, Walter E. Handenburg: The Putumayo, the devil’s Paradise. London. T. Fisher Unmin. 1912). P. 16

María Rosa Mallol de Recasens y José de Recasens T.: “Contribución al conocimiento del cacique-curaca entre los siona”. En: Revista Colombiana de Antropología, vol. XIII, Bogotá, 1964-1965, pp. 91-145.

Los siona “son de estatura mediana, bien proporcionados; tanto los hombres como las mujeres se depilan las cejas y las pestañas” (Milciades Chávez Ch.: “La colonización de la Comisaría del Putumayo, un problema etno-económico geográfico de importancia nacional”, en Boletín de Arqueología, Vol. I, Nº 5, 1945). P. 96

Hacia 1890 se establecieron en un caserío siona 9 militares que los trataban muy mal. El oficial llevó los indios a bañarse en la playa y a la salida se puso a pegarles. Entonces ellos lo mataron, le sacaron la sangre y le echaron en una olla grande; llamaron a todos y se bañaron con esa sangre. Tiempo después, el cacique Leonidas Yaiguaje, los reunió y les dijo que iba a haber una inundación. A los cuatro días, el río subió e inundó todo; muchos se ahogaron y otros se salvaron. El cacique les dijo así: Esta agua significa la muerte del hombre que hemos matado, nuestro cuerpo está manchado de sangre y esta creciente ha venido a lavar todo nuestro cuerpo y todas las basuras del caserío. Está bien barrido. Vamos a otra parte. (Narrador: Luis Felinto Piaguaje). P. 102

Cuando nombraron cacique a mi papá, “hicieron una fiesta muy bonita. Todas las mujeres iban vestidas de hojas y cogollos de palo cruz (Brownéa spp), bien pintadas, llevaban en los brazos cogollos atizados de yarina y en las muñecas lana de chontaduro […] Se echaban perfumes en el cuerpo, chonduro y otras hojas más. Iban vestidas de hojas de palo cruz de la cintura hasta la rodilla, y lo demás era desnudo. P. 104

En otro relato, se cuenta que el hijo del cacique tomó y yagé y vio que llegaban unas mujeres con vestidos que arrastraban por el suelo y cabelleras que también arrastraban, con campanillas en los hombros y collares de coco, que le regalaban lindos collares. La gente del agua le regaló en la cabeza y en los pies un perfume muy oloroso. El papá le explicó que las mujeres quieren decir las flores de beguí (sin identificación botánica) que se toman con el yagé, las campanillas son las hechicerías que va a aprender más tarde; el perfume que le echaron significa las curaciones que va a hacer más tarde con sus amigos, compañeros y familia. P. 107-108

Cuando el cacique murió llegaron todos los jóvenes del caserío vestidos con cusmas negras y pintada la cara de achiote cocinado, mezclado con kuriuaska para que la pintura fuera más permanente y trajeron armas, lanzas, arcos y bodoqueras. P. 108

“Las mujeres mayores (de más de treinta años) lloraban a gritos diciendo: —Se ha despedido nuestro curandero, con esta boca tomaba yagé y cantaba buenos cantos, con estos ojos nos miraba las enfermedades que teníamos, con estas manos hacía remedio para curar a los enfermos, con estos pies que hoy día se encuentran sin moverse a ninguna parte, andaba en este tiempo buscando los remedios para curar a todos los enfermos, en esta cabeza se ponía las coronas para curar a todos los enfermitos y hacerles ver el nuevo día de mañana. Con estos oídos oyó todas las cosas que nosotros por odio le hablábamos mal contra él. Con el corazón que tiene adentro pensaba en buenas cosas y también malas, que por este pensamiento hacía maleficios. Y, hoy día lo vemos; en este patio despidiéndose de todos nosotros. Todos nosotros de aquí a unos días nos encontraremos con este hombre que se ha muerto ayer—. Dizque decían”. P. 109

El sillón del cacique se hace en madera de chonta y con bejucos que entretejen los listones y se decora con dibujos hecho con algodón y plumas de colores pegados con látex de sandi. Se demora tres meses en secar y poderse usar. P. 127

Dibujo del cacique-curaca y su banco

Tiene vestidos de varios colores: el amarillo es para propiciar el buen tiempo y curar, el azul es para los cantos que lo llevan hasta dios, el blanco para solicitar buen tiempo. Para oficiar pinta sus pies con achiote y luego los cubre con lanas de chonduro. Se pinta la cara con kuriuaska y se mete plumas en las orejas. En la cabeza se pone una corona con plumas de pájaros y de la que cuelgan por atrás largas plumas de guacamaya roja y de loro. P. 128

Cuando muere, a veces lo entierran en su canoa, pintándola de achiote por dentro y pegándole lana de chonduro. Los hombres, vestidos de blanco, cargan el ataúd; al cacique le ponen el vestido que usaba con mayor preferencia. P. 132
 
 
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