Kosrompoto articula el ciclo anual
Kosrompoto es el aroiris y desempeña un papel de gran importancia. Aparece cuando el páramo es suave o cuando va a llover; si aquel es muy fuerte o hay aguacero, no aparece.
El aro no viene de la ciénaga sino de lo alto; se forma en la bomba y va bajando hasta pisar la ciénaga. El une a páramo con aguacero. Cuando páramo está perdiendo su fuerza al final del verano, no logra rechazar hacia abajo a aguacero sino que se junta con él en un lugar; al unirse, páramo deja de caer y lo reemplaza aguacero.
Mientras páramo y aguacero se están uniendo, el uno que viene desde arriba, el otro que llega desde abajo, kosrompoto está brillando, brillando, pero cuando ya se pone a llover más duro y páramo desaparece, kosrompoto se pierde con él. La gente dice que es kosrosre, que páramo se transformó en aguacero, que páramo pasó a aguacero. Kosrompoto sirve de puente entre uno y otro, él los articula al establecer un tom, un nudo, entre ellos.
Páramo desciende bajito, su nube viene por debajo, la de aguacero viene por encimita de ella, buscando. Cuando páramo y aguacero se encuentran, uno por debajo y otro por encima, y se tocan, allí hay un tom, un nudo, una articulación, un enlace. Una vez que se unen y solamente cae aguacero, no hay tom; se trata de un nuevo período. El nukuaro, verano, se ha ido y el srepol, época de las lluvias, ha llegado.
Allí termina un ciclo anual y se inicia otro. Kosrompoto establece el lazo entre los dos, hace el tom, la articulación, entre uno y otro. De este modo garantiza la continuidad temporal, es el puente que permite pasar del final de un ciclo anual al comienzo de otro, que posibilita la transformación del verano en invierno, el ir de las cosechas al inicio de las nuevas siembras.
Entonces, kosrompoto "redondea" el ciclo, como es redondo el sol, porque el aroiris es el sol mismo. Cuando hay páramo, kosrompoto se marca hacia arriba del río y apoya los pies hacia abajo; cuando va a llover, se marca hacia abajo del río y apoya los pies hacia arriba, para completar el círculo. Pero no son dos sino uno solo que se voltea de una posición a otra, que gira de derecha a izquierda; así se "redondea". Kosrompoto es dos arcos, pero es uno solo, es un kanto, un par.
Las lagunas, ojos de agua, ciénagas y ríos no están todos en la misma posición; por eso, cuando los pies de kosrompoto se apoyan en cada lado de cada uno de ellos, no está en la misma forma, es un arco diferente, va caminando de un arco en otro arco. Si se miran todos, si se ve cómo va caminando, kosrompoto forma un redondeo que encierra todas las cosas. Así es como se lleva la cuenta en el kuarimpoto, el sombrero propio.
Con sus tres colores, kosrompoto indica que se acerca un nuevo ciclo. Si brillan fuertes, vivos, si su amarillo, su verde, su morado resplandecen, es señal de que el verano continúa, de que el dominio de kosro, páramo, se mantiene; si se hacen opacos, si se miran oscuros, va a cambiar el tiempo y a llegar el srepol. Un nuevo ciclo se aproxima.
Kosrompoto es el enlace del tiempo, la articulación de la historia, él da continuidad a la vida.
Señas de las lluvias
Otras señales permiten conocer la cercanía de las lluvias del srepol o del lamosre.
Si al final del verano (sea el nukuaro o el lamokuaro) las ranas tuk-tuk, pequeñas, de unos tres centímetros de largo, cantan todas en un coro ensordecedor, se callan un momento y luego cantan todas de nuevo, las lluvias tardarán todavía dos o tres días en caer, anegando la tierra sedienta. Si, en cambio, chilla una rana y se calla, chilla otra y se calla, y luego gritan todas juntas, con un inmenso estruendo de chillidos que de repente se interrumpe con brusquedad, el invierno está encima y Srekollimisak no se hará esperar.
Los mayores iban a los filos de las lomas a "poner vela" para saber. Encendían una vela y si ésta echaba humo negro y su llama se levantaba hacia el cielo, no iba a llover aún. En caso contrario, aguacero estaba cercano.
En la luna se puede mirar la vecindad del srepol. Cuando el maíz está seco y recubre los campos con su susurrante manto amarillo, se mira la luna en uno cualquiera de los primeros tres días de su reaparición (pellarpol,8 luna nueva). Si está volteada hacia arriba, con la punta izquierda más alta, anuncia el invierno; cuando su extremo derecho es el más alto, el verano se mantiene.
También se mira el color de esa luna que renace. Si éste es verduzco-grisoso-pálido, va a llover pronto; si se muestra amarillenta-rojiza, el verano dura todavía, o se acerca, si la observación se lleva a cabo en el invierno.
Por eso, cuando el maíz seco murmura entrechocando sus hojas con el viento, la amarillez lunar ordena su cosecha y el inicio de la preparación del terreno para las nuevas siembras.
La dirección del viento y de las nubes que arrastra nos permiten prever sequías y precipitaciones. El viento que viaja de arriba hacia abajo y transporta las nubes en esa dirección, es viento de verano y no hay posibilidad de lluvia, aunque las nubes que corren desde Tierradentro estén bien cargadas de agua, bien negras. Si cambia de dirección y las nubes vuelan hacia lo alto, aguacero está cercano.
A veces, al final del verano, el viento se pone a soplar en pequeños remolinos y las golondrinas se alborotan y vuelan raudas; es anuncio del invierno. Igual cosa señalan los grandes calores que hacer reverberar el aire en las orillas de los caminos y los círculos negros que aprisionan al sol o a la luna.
Cuando se presiente el invierno, se examinan cada día los barriales. Ante la inminencia de las precipitaciones, el agua comienza a crecer en ellos y amanecen llenos; y, a su alrededor, el pasto brilla cubierto de rocío.
Si por esos mismos días las nubes no son compactas sino que tapizan el cielo como lana de oveja, desgarradas, chirosas, el invierno va a entrar con granizada.
La aparición de la estrella que cambia de colores marca el comienzo de la etapa de sembrar cualquier clase de comida, es decir, el comienzo del srepol. Esta estrella se llama kuallchay kaptsalo aship pasran konchapik, “el ojo que está cerrado y se abre, parpadea”; es la estrella que habla a los mayores. Durante el verano, el titilar de las estrellas anuncia que lloverá en tres o cuatro días.
Las montañas son grandes indicadores que los sabios propios pueden interpretar, pues braman; parece que es un temblor, pero es pichamulan, medio despacito, apenas como que medio se mueven. De ellas se toma cuenta para saber si va a haber verano o invierno, guerra o hambruna u otros acontecimientos importantes. "El bramido de esas lomas grandes tiene mucho indicado", se dice.
Las heladas también tienen su señal. Cuando el sol del lamokuaro aparece durante el día rodeado por un aro luminoso, el cielo nocturno estará despejado y caerá la helada.
Es usual que el final del lamokuaro consista en un gran aguacero que produce crecientes y derrumbes y arrastra las huertas. Las temperaturas son muy bajas en esos días y se "siente caer el frío"; el amanecer alumbra un pasto sin srompi, rocío, y el agua baja poco a poco de nivel en los pantanos.
También el srepol puede rematar con un fuerte aguacero, de varias horas de duración, que produce daños en plantas y animales que las aguas arrastran y ahogan.
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